Opinión

Uno de los Mayores Saqueos al Patrimonio del Ecuador

COLABORACIÓN ANÓNIMA

 

 

En 2014, bajo la administración de Rafael Correa, el Ecuador concretó una operación financiera que pasará a la historia como uno de los mayores saqueos silenciosos del patrimonio nacional. A través del Banco Central, se entregaron más de 504.000 onzas troy de oro, equivalentes a 15,68 toneladas, como garantía para obtener liquidez a corto plazo mediante un swap con Goldman Sachs.

Pero el escándalo no está solo en el monto ni en el mecanismo. Lo verdaderamente grave fue la forma del oro entregado: monedas históricas ecuatorianas, con altísimo valor numismático. Entre ellas, se encontraban los Cóndores de Oro de 25 Sucres (acuñados en 1928), las esterlinas de 10 Sucres (de 1899 y 1900), y otras piezas conmemorativas patrimoniales. Estas monedas, únicas en su tipo, no solo representaban reservas metálicas, sino también soberanía, historia y cultura nacional.

Un Cóndor de Oro pesa 8,36 gramos. A un precio promedio del oro de $107 por gramo, su valor por peso es de $894,52. Sin embargo, en el mercado numismático internacional, su precio alcanza los $3.000 o más, dada su rareza y valor histórico. La pérdida por cada moneda entregada se calcula en más de $2.100 dólares.

Si estimamos conservadoramente que al menos el 30% del oro entregado (4,7 millones de gramos) estaba en forma de monedas, eso implica la pérdida de unas 560.000 piezas numismáticas.

Valor recibido en oro: $894,52 × 560.000 ≈ $501 millones

Valor real en mercado: $3.000 × 560.000 = $1.680 millones
→ Perjuicio directo estimado: más de $1.179 millones

Pero aquí viene el punto más indignante: las monedas no fueron fundidas por el Estado. Se quedaron en manos del acreedor. Goldman Sachs, o quienes hayan comprado esos instrumentos financieros, retuvieron las monedas originales y devolvieron oro en lingotes.
Ecuador perdió su historia y recibió barras impersonales. No se recuperó ni una sola de las piezas patrimoniales entregadas.

No fue una decisión técnica: fue una amputación histórica. No fue una política financiera: fue una renuncia al legado nacional. Y no fue un error: fue una decisión deliberada de quienes, en nombre de la liquidez, permitieron que la numismática nacional fuera absorbida por el sistema financiero global como si se tratara de cualquier chatarra dorada.

Mientras se hacían cadenas sabatinas para distraer al pueblo, en bóvedas extranjeras quedaban atrapadas piezas únicas de la historia monetaria del Ecuador, muchas de ellas imposibles de volver a ver, de estudiar o de exhibir. El país perdió su oro dos veces: primero al entregarlo, y luego al no recuperarlo en monedas.