Opinión

El retorno de los brujos.

Dr Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.

 

 

He escogido este título porque lo que voy a decir no busca agradar ni encajar. Busca incomodar.
Y sí, está anclado en hipótesis. En sospechas que muchos murmuran y pocos se atreven a escribir.

Porque lo que ocurre en el país no resiste el silencio.

Bajo el gobierno de Daniel Noboa se han acumulado decisiones, omisiones y episodios que exigen algo básico en democracia: explicaciones claras. Y, sin embargo, lo que predomina es el mutismo.

Casos polémicos, gestiones cuestionadas, designaciones que generan más dudas que certezas.
¿Errores? ¿Falta de experiencia? ¿O estamos viendo algo más estructurado?

Porque cuando los hechos incomodan y nadie responde, la sospecha deja de ser paranoia: se vuelve obligación ciudadana.

Resulta aún más inquietante el silencio de quienes históricamente habrían sido oposición, como el entorno ligado a Rafael Correa.
¿Dónde están las voces que antes denunciaban con vehemencia?
¿Indiferencia… o cálculo?

Y en medio de todo, flota una pregunta que muchos evitan formular en voz alta:
¿se están tomando decisiones pensando en el país… o en intereses que lo trascienden?

Porque hay movimientos que parecen responder a otra lógica.
A una agenda que no siempre coincide con las urgencias de seguridad, salud o desarrollo que vive la gente.

Mientras tanto, el ciudadano común sobrevive.
Sin certezas.
Sin respuestas.
Sin garantías de que alguien esté rindiendo cuentas.

Y ahí es donde aparece la verdadera metáfora de este texto:

No estamos viendo política en su forma más torpe.
Estamos viendo poder en su forma más opaca.

Un poder que no necesita explicarse.
Que avanza mientras el ruido distrae.
Que se fortalece cuando la sociedad duda de sí misma más que de quienes gobiernan.

Tal vez no haya brujos en el sentido literal.
Pero sí hay prácticas que se le parecen demasiado: transformar lo cuestionable en normal, lo grave en pasajero, lo urgente en secundario.

Y ese es el hechizo más peligroso de todos.

Porque un país que deja de exigir respuestas termina aceptando cualquier realidad.

Este texto no pretende cerrar el debate.
Pretende abrirlo.

Porque si no preguntamos ahora, después será tarde.
Y cuando entendamos lo que pasó,
ya no habrá a quién reclamarle.

Los brujos no regresan cuando pueden.
Regresan cuando los dejamos.

Semper Fi.