Autoridad, volquetes y vía (2)
Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil
Un paisano me llama la atención sobre el artículo que bajo este mismo título comenté hace tres semanas. Me dice que no son sólo los volquetes provenientes de Zamora los que llegan a Portovelo (El Oro) para procesar materiales mineralizados; también llegan desde Ponce Enríquez (Azuay) y una menor cantidad de Urcuquí (Imbabura), recorriendo 127 y 760 kilómetros (¡oh) en su orden, sobre la red vial estatal. Y súmese toda la flota orense. ¡Cuidado!, dijo, se interprete tu comentario como un rechazo al legal negocio minero en Ecuador (concesión, prospección, exploración, evaluación y explotación).
Recojo con beneplácito la observación. Su pertinencia estriba en la obligación de aclarar, por una parte, que también son los volquetes provenientes de las provincias anotadas los que contribuyen al daño de las carreteras. Lamentablemente, estas no reciben mantenimiento oportuno y se constituyen en peligro inminente para todos los conductores de vehículos, aparte de la ausencia de controles efectivos por parte de la autoridad competente para los destinados al servicio minero y de carga pesada en general. Quizás sea necesario revisar el tarifario y toda la cadena de control sobre estos dos últimos, para sumar mayores recursos -incluidas las multas- y en cumplimiento de la ley TODO, SÍ, TODO (con mayúsculas) se lo destine al mejoramiento vial.
Además, un estricto y honesto control de circulación, determinará qué automotores transportan estos materiales legalmente y cuáles no. Habiéndose establecido que en Ecuador la minería ilegal ha tomado inusitado cuerpo, pese al riguroso, muy duro y permanente combate gubernamental, lo que corresponde es volver, también, implacable el control en las carreteras.
Por lo demás, absolutamente nada contra la legal actividad minera. Mientras su exploración y explotación se realice con las mejores técnicas y respetando al máximo la naturaleza, el Ecuador no debe dormirse sobre esta extraordinaria riqueza (miles de millones de dólares en oro, cobre, plata y otros minerales). Por el contrario, debe aprovecharla al máximo y que sus réditos mejoren la vida de toda la población. Pero, eso sí, en ningún caso, debe ejecutarse sin los controles imprescindibles, evitando que la red vial estatal se convierta, también, en campo minado.
