Opinión

¿POR QUÉ VIGILAR? EL SENTIDO PROFUNDO DE LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS

Ing. Vicky Erazo Velez. MsC.

Servidora de la Comunidad Nuestra Señora de Loreto.

 

Vigilar no es solo no dormir. En la tradición cristiana, vigilar es amar esperando. Es el gesto de quien sabe que algo grande está por ocurrir y no quiere perdérselo. La noche de Pentecostés, la Iglesia entera se pone en vela para recibir al protagonista silencioso de nuestra fe: el Espíritu Santo. Por esta razón la Comunidad Católica Ntra. Sra de Loreto ubicada en la Ciudadela Colinas de la Alborada Mz 740 Villa 10 de la ciudad de Guayaquil realiza su vigilia el viernes 22 de mayo desde las 20H00 a las 06H00 del día siguiente.

Porque Jesús lo pidió la vigilia nace en el corazón del Evangelio. En Getsemaní, Jesús reclamó a sus discípulos: “¿Así que no pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? Velen y oren para no caer en tentación” (Mt 26,40-41, Biblia Católica Latinoamericana). Vigilar es fidelidad. Es acompañar al Señor cuando el mundo duerme. Pentecostés es la respuesta del Padre a esa espera: envía el fuego que no se apaga.

Porque la Iglesia nació vigilando. Después de la Ascensión, los apóstoles no salieron a predicar de inmediato. “Todos ellos perseveraban juntos en la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,14). Esa fue la primera novena, la primera vigilia. Estaban unidos, expectantes. Y “de repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento… Se les aparecieron unas lenguas como de fuego” (Hch 2,2-3). El Espíritu no cae sobre dispersos, sino sobre comunidades que velan unidas.

Porque el fuego debe ser verdadero. El lema “Que Él gobierne, y el fuego sea verdadero” toca la urgencia de hoy. Hay fuegos artificiales: emociones que prenden rápido y se apagan. El Espíritu da un fuego distinto. “Yo bautizo con agua, pero viene uno con más autoridad que yo… Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (Lc 3,16). Vigilar es pedir discernimiento: que no nos gobierne el cansancio, la rutina o el miedo, sino Él.

Porque Pentecostés sigue ocurriendo, no fue un evento de museo. San Pablo recuerda: “El Espíritu de Dios habita en ustedes… Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece” (Rom 8,9.11). La vigilia es la noche en que renovamos ese bautismo de fuego. Es decirle a Dios: aquí estoy, sopla de nuevo. “Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra” (Sal 104,30).

Vigilar en Pentecostés es abrir las ventanas del alma. Es reconocer que sin el Espíritu somos Iglesia apagada, y con Él somos lenguas de fuego capaces de hablar al corazón de cada pueblo (Hch 2,6). Por eso la Comunidad Nuestra Señora de Loreto nos convoca este 22 de mayo: porque la espera en oración, juntos, sigue siendo el lugar donde Dios cumple su promesa. Te esperamos no faltes.Quien vigila, no pierde la noche. Gana el amanecer del Espíritu.