Opinión

EL UNIVERSO.

Por : Dr. Jorge G. Alvear Macías/Guayaquil.

 

Fron­tera, ver­dad y poder.

 

La con­fron­ta­ción entre Daniel Noboa y Gus­tavo Petro no nació con aran­ce­les. Su ori­gen estuvo en una dis­cre­pan­cia pre­via sobre la segu­ri­dad fron­te­riza. Ecua­dor sos­te­nía que Colom­bia no ofre­cía una coo­pe­ra­ción sufi­ciente ni un con­trol efi­caz en su fron­tera en el com­bate al nar­co­trá­fico. Colom­bia, por su parte, afir­maba que sí exis­tían meca­nis­mos de coor­di­na­ción y segu­ri­dad.

Con­viene ser pre­ci­sos: la res­pon­sa­bi­li­dad no es simé­trica. El pro­blema de fondo se ubica en el insu­fi­ciente con­trol del lado colom­biano de la fron­tera, donde estruc­tu­ras cri­mi­na­les vin­cu­la­das al nar­co­trá­fico han logrado ope­rar con con­ti­nui­dad. Ese es el punto de par­tida real del con­flicto. Otra cosa es que, ini­ciada la con­tro­ver­sia, ambos Gobier­nos la hayan esca­lado mediante deci­sio­nes polí­ti­cas y dis­cur­si­vas.

Los aran­ce­les fue­ron la con­se­cuen­cia eco­nó­mica de esa diver­gen­cia. Noboa anun­ció pri­mero un recargo del 30 % a pro­duc­tos colom­bia­nos, citando tanto el défi­cit comer­cial como la falta de coor­di­na­ción con­tra el nar­co­trá­fico en la fron­tera. Bogotá rechazó esa impu­ta­ción y res­pon­dió con medi­das recí­pro­cas y sus­pen­sión de venta de ener­gía. Des­pués
ven­drían nue­vos aumen­tos, pues para Noboa seguían sin adop­tarse medi­das efi­ca­ces de con­trol fron­te­rizo.

Ese orden tem­po­ral sí importa, pues no fue pri­mero una gue­rra comer­cial que des­pués buscó jus­ti­fi­carse con la segu­ri­dad. Fue una dis­puta de segu­ri­dad que se tras­ladó a medi­das eco­nó­mi­cas y a una degra­da­ción de la rela­ción bila­te­ral.

En para­lelo, desde Colom­bia se denun­cia­ron efec­tos leta­les de ope­ra­cio­nes mili­ta­res en su terri­to­rio que Ecua­dor negó y
sos­tuvo que se rea­li­za­ron en terri­to­rio ecua­to­riano. Lo rele­vante es que la fron­tera dejó de ser un espa­cio de coo­pe­ra­ción para con­ver­tirse en un punto de dis­puta narra­tiva.

Lo cierto es que en Colom­bia ha habido voces de res­paldo tácito a la recla­ma­ción de Noboa. El expre­si­dente Álvaro Uribe ha sido el más explí­cito sobre el aban­dono de Petro a la fron­tera con Ecua­dor. Tam­bién se han sumado crí­ti­cas de figu­ras polí­ti­cas de renom­bre, como Diego Molano, María Fer­nanda Cabal y Paloma Valen­cia,
quie­nes, desde dis­tin­tos énfa­sis, coin­ci­den en seña­lar debi­li­ta­miento ins­ti­tu­cio­nal, expan­sión cri­mi­nal y fra­caso de la polí­tica de segu­ri­dad de Colom­bia.

En ese con­texto, recien­te­mente, Petro difun­dió un video que luego retiró de su cuenta en X tras ser cues­tio­nado públi­ca­mente. El mate­rial par­tía de una trans­mi­sión real de un medio inter­na­cio­nal, pero incor­po­raba con­te­nido ajeno a la emi­sión ori­gi­nal pues uti­li­zaba la ima­gen y la voz de Noboa den­tro de un mon­taje, que pos­te­rior­mente fue des­men­tido por el pro­pio medio (Tele­mundo).

Cuando un jefe de Estado difunde infor­ma­ción mani­pu­lada, su pala­bra pierde peso. Y cuando un Gobierno intenta suplir con rela­tos lo que no logra ase­gu­rar con con­trol efec­tivo, la diplo­ma­cia deja de ser un puente de enten­di­miento para con­ver­tirse en un esce­na­rio de des­gaste. La fron­tera no revela solo un pro­blema de segu­ri­dad. Tam­bién revela la fra­gi­li­dad polí­tica de quién pre­fiere admi­nis­trar la apa­rien­cia antes que enfren­tar la rea­li­dad. Y en polí­tica exte­rior, esa fra­gi­li­dad suele cos­tar más que rec­ti­fi­car a tiempo.