Opinión

Yo lo voto

Rafael Campos Saltos

rafacampos1957@hotmail.com

El título no está mal escrito. Me refiero a lo que hago con el tipo de mensaje que produce esa fábrica de porquerías que es un troll político. Me da igual si la basura que se procesa desde la clandestinidad perjudica o no al candidato de mi simpatía. Para mí, la basura no tiene otro destino que el basurero.

Soy partidario del debate de las ideas, y no de intercambiar agravios. Y creo que el político que se esconde tras una cuenta falsa para denigrar a su rival, es porque no tiene el valor de dar la cara, y recurre a psicópatas o mercenarios digitales para que ataquen la honra y la integridad de su adversario.

Los que estudian a fondo este tema, han llegado a dos interesantes conclusiones. La primera tiene que ver con el troll. Sus mentiras sólo encuentran eco en sus seguidores. Y la segunda, tiene que ver con el político que lo contrata. Casi siempre es aquel que está desesperado porque las encuestas no le favorecen.

Por fortuna, la agenda política de la difamación está perdiendo terreno en Twitter. La llamada red de los 140 caracteres ya no está respondiendo como antes al engaño y a la manipulación. Hoy, esta plaga está migrando a Facebook e Instagram, con el mismo propósito perverso: dañar la integridad del rival.

No debemos confundir las cosas. No es lo mismo tener un equipo de comunicación en redes sociales para posicionar un discurso político o institucional, que tener una banda de antisociales repartiendo yuca a mansalva, sin que les importe un carajo la dignidad de las personas ni las de sus familias.

Acabar con estos sembradores de odio, es una tarea que compete a todas las personas de bien. Si se siente tentado a ser un chambero más de la basura que esparcen los políticos sin ética, debe al menos tomarse el tiempo de reciclar, y sacar provecho de lo que huele a plástico y no a excremento.

No permitamos que la política sin escrúpulos contamine las redes sociales. Compartamos la discusión respetuosa de las ideas. Se viene una campaña electoral y debemos fijarnos en las virtudes de los candidatos y no en sus supuestos ‘defectos’. No dejemos que empiecen con trucos. No somos idiotas.

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