Opinión

¿Y si Evo perdiera?

Renzo Abruzzese

Diario El Deber de Bolivia

La actual correlación de fuerzas es aún incierta. Aunque la intención de voto muestra una clara tendencia a negarle un periodo más de Gobierno a Evo Morales, las cosas no están decididas hasta que el TSE emita su último y definitivo veredicto, sobre todo porque el MAS intentará todo lo que esté a su alcance para evitar una segunda victoria del No; la razón fundamental estriba en que en este intento ‘prorroguista’ el MAS se juega la permanencia de su proyecto político estatal y no solo nombres, figuras o siglas. Desde esta lógica, si por un momento asumimos que a pesar de todos los intentos y maniobras que ponga en función el Gobierno Evo pierde, ¿qué curso tomarían los acontecimientos? ¿Qué supone para el país la era post-Evo?

Asumamos hipotéticamente que Mesa gana y se convierte en mandatario, lo primero que tendríamos que considerar es la composición del Congreso. Con una fuerte bancada indígena-campesina sus posibilidades de gobernabilidad serían muy limitadas; aun así, la misión de restablecer el orden democrático y reconstruir la institucionalidad pulverizada por el MAS en los 11 años de Gobierno empezaría un recorrido lento pero seguro. En la otra orilla tendríamos un movimiento en torno al MAS terriblemente dividido. En las filas del pacto por la unidad los apetitos largamente estructurados durante el Gobierno de Evo aflorarían dando curso a una lucha intestina que debilitaría sus potencialidades, lo que por cierto está lejos de suponer que el MAS en su conjunto vaya a perder fuerza estatal. De cualquier manera, la propia situación masista en función de oposición sería complicadísima.

Así, se abrirían dos espacios de acción política: una con la misión de restituir la democracia y sus instituciones, basada en el apoyo incondicional de la clase media y la siempre versátil alianza con la burguesía. La otra, por recomponer el campo político del Estado Plurinacional fuertemente apoyado por los sectores indígena-campesinos y sus acólitos desclasados. En este panorama, las tensiones serían estructurales, pues estarían enfrentados dos modelos de democracia. Uno déspota, de claras tendencias totalitarias y otro democrático y popular. Como la lucha política no puede retrotraerse a las dictaduras, las grandes batallas en la era post-Evo se centrarán en el campo simbólico.

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