Opinión

Y Madrid habló en lenguas

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil.

Este mes de agosto se cumplieron 10 años de la última Jornada Mundial de la Juventud en la que participó el Papa Benedicto XVI en la ciudad de Madrid, y en la que tuve la oportunidad de asistir. Las calles de la capital española se vistieron de fiesta con la llegada de miles de jóvenes de diferentes naciones. Un río de personas se cruzaba, unos al compás del tambor y otros al son de la guitarra, pero todos se juntaban por una sola causa: ¡Cristo!

«¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid?» Preguntó el Santo Padre en el aeropuerto de Barajas al llegar. Claro que era una pregunta retórica, pero esa frase llena de humor era una prueba de la calidad del sucesor de Pedro. Benedicto XVI, a sus 84 años en ese entonces, se lo veía alegre y lleno de vida, con la valentía de hablar un lenguaje jovial, franco y distendido. Había llegado a Madrid para incentivar a los jóvenes a que entablaran una relación con Jesús, y según sus palabras a un encuentro con los que creían, con los que no creían y con los que dudaban.

Los lugares más emblemáticos de las celebraciones fueron Parque El Retiro, Plaza Cibeles, Plaza España, Cuatro Vientos… incluso la Puerta de Alcalá se llenó de personas y mostraba pantallas gigantes donde pasaban los últimos acontecimientos para que nadie se los perdiera. En este ambiente alegre y colorido se entablaron nuevas amistades cristianas, aunque luego de unos días se volvieran distantes. Muchos intercambiaron medallas, estampas, rosarios y banderas de sus países.

Entre los eventos que se realizaron, sin contar con la presencia del Santo Padre, se dieron catequesis con obispos importantes en distintas lenguas, conciertos, maratón de confesiones y exposiciones del Santísimo Sacramento. ¡Qué decir de las miradas de los sacerdotes y las monjas! Me impresionaban más que la de los mismos jóvenes porque parecían gritar: «Gracias por continuar nuestra misión. Gracias por mantener a Cristo vivo». La España de los Reyes Católicos, estaba siendo evangelizada por extranjeros de todas partes del mundo… y Madrid habló en lenguas.

El mensaje central de Benedicto XVI se podría resumir en esta frase que dijo en la última homilía: «Quien cede a la tentación de ir por su cuenta o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él». Y es que, como el Santo Padre bien lo expresó: «no se puede seguir a Cristo en solitario».

Animó a los jóvenes a participar activamente y con alegría en los movimientos y parroquias, a la comunión dominical y al continuo acercamiento al sacramento del perdón. Luego, como si ya estuviera programando su retiro, pidió que rezáramos por él, para poder continuar la obra que Jesús le encomendó como a Pedro.

Estas jornadas fueron incentivadas por san Juan Pablo II. La primera tuvo lugar en el mismo Vaticano en 1984 con apenas tres cientos mil participantes. Manila, Filipinas en 1995 es la que ostenta el impresionante récord histórico de cinco millones de personas. La próxima sede será en Lisboa, Portugal en el 2023. ¿Te animas?