Opinión

Y habrá más migrantes. ¿Estamos listos?

Se estima que poco menos de 300 millones de personas viven en un país distinto al de su nacimiento y representan cerca del 4% de la población mundial. Las razones que los llevan a cambiar de país son muy diversas, entre ellas: falta de oportunidades de desarrollo, violencia, inseguridad, guerras y de manera creciente los factores que se agrupan bajo lo que se conoce como cambio climático.

Por mucho, con mas de 50 millones de inmigrantes, Estados Unidos sigue siendo el país de destino mas buscado por quienes deciden o se ven forzados a dejar sus países de origen. El llamado sueño americano, alimentado por las redes de familiares y amigos que los atraen y reciben y por la innegable necesidad de mano de obra, que lo convierten en el destino mas atractivo para construir una nueva vida. Más allá de lo penoso que es el trayecto.

El crecimiento del proceso migratorio en los últimos 50 años ha sido constante, sin embargo, hechos recientes que han impactado al mundo como la pandemia del COVID-19 y recientemente la invasión rusa a Ucrania van a modificar sustancialmente estas cifras. Cerca de cinco millones de ucranianos ya abandonaron su país

La geografía lleva a México a jugar un papel central en este proceso. Se ha convertido en la puerta de entrada para muchos que sin duda buscarán llegar a Estados Unidos.

Desafortunadamente no se ve que México se esté preparando mínimamente para este cambio sustantivo e incremento de migrantes.

Empezando por sus propios emigrantes. El gobierno mexicano se ha negado a reconocer que cada vez más mexicanos deciden abandonar su país. Cuando AMLO empezó, las detenciones de la patrulla fronteriza de mexicanos intentando entrar a Estados Unidos rondaban los 15 mil mensuales, antes de la crisis del COVID andaba en los 22 mil y hoy está cerca de los 73 mil, casi cinco veces más que al inicio del sexenio. Nada de esto se menciona en las conferencias matutinas del presidente, como si el problema no existiera y claro, en consecuencia, no se hace absolutamente nada. Hacerlo, sería tanto como reconocer que los factores de salida no solo siguen, sino que han empeorado. Que la violencia e inseguridad en muchas zonas del país persiste y que no hay oportunidades de desarrollo.

México es además un país de tránsito para los migrantes que buscan entrar a Estados Unidos. Originalmente se trataba de los de la región, pero la política migratoria estadounidense ha obligado a migrantes de otras nacionalidades a usar a México como país de paso y a veces, como una derivación, de destino.

Tampoco en este tema se hace nada. Desde inicios del sexenio, como en muchos otros, se apostó al discurso y la repetición incansable de que todo es diferente, de que todo ya cambió y hoy lo único claro es que se persigue y maltrata a los migrantes en tránsito y el único resultado de estas estrategias es que las organizaciones criminales son las encargadas de guiar y transportar a los migrantes y por supuesto a cobrarles, con la complacencia y hasta complicidad de las autoridades mexicanas. Como siempre.

En este escenario, de por si caótico, se suman las víctimas de la invasión rusa a Ucrania que ya empiezan a llegar a México. Ya hay reportes de albergues saturados en la frontera norte de México por la presencia de ucranianos que esperan entrar a Estados Unidos.

Lo que uno esperaría, lo lógico, es que México se coordinara con su vecino para atender este proceso e insertarlo en la integralidad de la relación entre los dos países. Sin embargo, lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario. Los enviados estadounidenses para otros temas son despachados ignorando sus preocupaciones, los mensajes que se envían desde el norte son tomados como agresiones y la solidaridad de vecino que se esperaría en temas globales como la posición frente a la invasión rusa, no solo se regatea, sino que se instalan grupos de amistad con Rusia y el propio presidente mexicano presenta esa invasión como una guerra entre dos países en la que los pueblos rusos y ucraniano sufren por igual. Increíble.

Eso si, destinamos recursos y tiempo de funcionarios no a los migrantes, no a los albergues, pero sí a impulsar un ejercicio de revocación de mandato promovido única y exclusivamente por los que no quieren la revocación.

 

 

 Los Angeles Times (latimes.com)