Opinión

Welinton Pérez: Orígenes de un Empresario Migrante

Gonzalo Escobar Villavicencio /U.S A.

gaev67@gmail.com

No hace un año que conocí a Welinton Pérez, y hace ya unas semanas la última vez que lo vi en persona. Fue en su taller, una mecánica de autos en Brooklyn: “Geovanny’s Auto Accesories & Repair”; la entrada un almacén grande pero repleto de repuestos, atrás los maestros reparando carros, en la mitad la oficina de Welinton. Sí, su primer nombre es Geovanny, pero parece que lo deja para el negocio.

Cuando contó el motivo que impulso toda la aventura de su vida me quedé un poco frío. Porque es un motivo recurrente en las personas, cada día menos admitido o alabado, y porque yo, siendo, un tanto, arquetipo del vagabundo romántico, siempre me desligo de compromisos. El motivo que impulso su gran travesía fue amor, por una mujer, que hasta el día de hoy es su esposa.

Hasta conocerla, el amor y tesoro de su juventud era una GMC del ’57. Su padre tenía una empresa de camiones y transportación. Desde siempre los autos han sido su pasión. Pero una mujer jala más- verdad y hecho histórico. Esta, en particular, se mudaba a los Estados Unidos, así que, por necesidad, él también.

En uno de sus últimos trabajos, que esta de más contar, pero no quiero dejar pasar, agarro unos pillos para transportar mercancía por el guasmo. Su padre había aceptado el contrato, que aparentaba ser imposible: transportar una carga en menos de una semana, qué era y a donde no me acuerdo, pero sí que agarro al jefe de los choros barriales para que lo acompañe, lo guíe y le de seguridad. Luego el resto de la pandilla se sumó a cargar los camiones y terminaron en 4 noches. Los muchachos, orgullosos, diciéndole a la abuelita del barrio que ya tenían trabajo.

Cuando le dijo a su padre que se iba, este le respondió algo como: “tienes el pasaje, pero no el pasaporte” o algo así. Lo conectó con unos coyoteros (esto fue finales de los 80, inicios de los 90) y marchó al norte. En algún punto del Caribe se toparon con problemas (obvio, claro, cómo no): cargas de azúcar que tenían que cruzar la frontera en madrugada por camino traicionero. Los coyoteros, tratando de arreglárselas parecen haber lanzado la pregunta o el suspiro al aire, y Welinton dijo: yo era trailero. Le fue tan bien esa noche que hizo otros 4 viajes, le pagaron y le ofrecieron un trabajo fijo con esa banda; “pero yo no estaba ahí para eso pues, tenía que seguir hasta Nueva York, ya me querían agarrar de contrabandista” suelta riéndose.

“A este me lo hacen llegar bien al otro lado” ordenó el jefe de los coyoteros, o contrabandista… quien sabe que tan amplia las mañas de su empresa. La cosa es que llegó, y poco tiempo después, mientras repartía periódicos se subió por una cerca y lo atacó un perro. Cuando el dueño vio eso, le grito que pare; le grito en inglés. “Que bestia, ahí si me quería morir, regresar… el perro sabía más inglés que yo” y admite que más de 30 años después no es tan bueno el inglés.

Pero más de 30 años después se conoce con la comunidad latina en Nueva York, ha incursionado en medios de comunicación, joyería, algunas cosas, finalmente su fuerte ha sido la mecánica. Altos y bajos, y mucho más que contar.

Ahora, como Presidente de la Cámara de Comercio Latinoamericana de Nueva York, y propietario del Paradise en Puerto López, celebra su cumpleaños el domingo 17 de julio. Decidió hacer un encuentro empresarial, porque de algún modo sabe que su patria debe salir adelante (él pudo); y si puede empezar reuniendo modistas, agricultores, inversionistas para un fiestón con propósito, suena muy bien ese encuentro empresarial.