Opinión

Walter Carrión, el más grande de todos

Silvio Devoto

sidepaderby@hotmail.com

Había escuchado tanto a verdaderos conocedores del turf hablar de Walter Carrión, el extraordinario jinete ecuatoriano, que había triunfado en grandes hipódromos de las tres Américas, que tras conocerlo y ser testigo presencial de su única presentación en el “Santa Cecilia” que tuvo lugar el 24 de Noviembre de 1974 conduciendo a Junior, consideré poco menos que una obligación, un deber, escribir un día la historia de su vida, de sus grandes victorias, de sus mejores momentos en las cuatro décadas que estuvo en los lomos de una pura sangre de carrera.

Walter nos habló de sus inicios en el turf, allá por 1940, en el antiguo Jockey Club de la calle Guaranda, en el que hoy funciona el Parque Forestal, motivo de orgullo para los porteños.
“Nació en Guayaquil, en el barrio del astillero, cerca del hipódromo al que asistió desde muy niño y en el que debutó cuando tenía apenas 16 años de edad, finalizando su campaña en 1979, tras cuarenta inolvidables temporadas en las que tuvo la inmensa fortuna de correr en grandes hipódromos y de ganar en todos ellos.

Así iniciamos la charla con este extraordinario látigo, que tras perder a su padre siendo apenas un niño, se inició en la carpintería hasta que un día el entonces Jockey Pedro Cornejo lo animó a asistir al hipódromo, conoce Augusto el Toto Rojas, gran preparador, y lo inicia en la profesión. “Debuta el 12 de Octubre de 1949 en la silla de Bacanal entrando sexto y en la segunda monta, a la semana siguiente gané con Trébol sobre una distancia de 1.200 metros. Luego logro su primera victoria clásica arriba del antes mencionado Bacanal, que entrenaba Jorge Calderón”. Este inicio de Carrión poco menos que revolucionó el turf porteño, tanto que fue premiado como la revelación del año. Al finalizar su primera temporada, cortísima por cierto, Don José Salazar, el recordado “Mago”, que por varias décadas sentó cátedra en la preparación de caballos en los hipódromos colombianos, lo contrato para correr en Bogotá.

Permaneció seis años en Bogotá se corría en el hipódromo de la calle 51, y gane cuatro estadísticas, entrando segundo en las dos restantes. Allí entablo una buena amistad con Luis Morón Valdivia jinete peruano que lo animo a visitar Lima. Corría el año 1948 en el hipódromo “San Felipe”, de la capital del Rimac, rivalizo con verdaderos ases del sillín como José Bravo, Juan de Dios Molina, Raúl Bustamante, Rodolfo Pastor, y los ecuatorianos Abel Vaca y Washington Rodríguez, entre otros.

“Le fue bien, permaneció dos años en Perú y se trasladó a Panamá y en el viejo hipódromo Juan Franco corrió por cuatro meses, volviendo a encontrarse con José Bravo que sostenía reñidos duelos con Blas Aguirre, el más grande ídolo de la fusta panameña en su historia. El hipódromo se llenaba todos los días de carrera viviéndose finales realmente espectaculares “. Antes, en 1945, había estado de paso por Caracas y atendiendo una invitación de Rafael Quiroga había logrado una magnifica victoria en la silla de Mariscal.

Eso le valió para que un distinguido turfman venezolano, don Carlos Márquez Mármol, lo contratara para conducir en el hipódromo “EL Paraíso”, de la capital venezolana. “En Caracas le fue muy bien y luego de regresar por breve tiempo a Bogotá a cumplir un contrato pendiente, partió en 1951 a la Habana para correr en el Oriente Park donde brillaba con la luz propia ese sobresaliente jinete cubano Avelino Gómez, toda una iluminaria del filete y excelente ser humano. Ganó muchísimas carreras, los principales clásicos y modestia parte, llegó a ser un ídolo”. Y en ese ir y venir de más de una década, Carrión resuelve trasladarse un poco más arriba. Se va a Toronto, Canadá ganando de entrada numerosas carreras, acreditándose prontamente. “Era una plaza muy dura, pero igual se las arregló triunfando seguido, bajando luego a Estados Unidos compitiendo en los principales circuitos. Fue de los primeros jockeys latinos y tuvo que luchar muy duro para salir adelante”. Y luego, tras esta provechosa incursión en la hípica canadiense y estadounidense, el retorno a Venezuela, su segunda patria, en la que se mantuvo como figura estelar un cuatro siglo más, hasta que resuelve retirarse, como no podía ser de otra manera, en forma triunfal. “Llego el momento de colgar las botas ya había corrido cuarenta años y quería estar más con mi familia, así que un día dije no va más, tuve la suerte de hacerlo ganando con mi última monta: Brazo de Oro”. Así fue la carrera triunfal de este eximio jinete ecuatoriano que lo gano todo en las cuatros décadas de andar arriba de un puro de carreras.

Desde muy niño apareció por el hipódromo, estirándose sobre la punta de los pies para asomarse a la pista viendo y aprendiendo, almacenando diferentes aspectos de los ejercicios diarios, hasta que piso la pista, la conoció por dentro , montó un caballo, estribó hacia el futuro y conduciendo como los grandes que vio desde sus comienzos, ganó más de 2.500 carreras (que pudieron ser muchísimas más de correrse todos los días como se hace ahora)y dejo grabado su nombre entre los grandes de la fusta de América, paseando su clase por ocho países. Ninguno como Walter Carrión en la historia del deporte Ecuatoriano. He querido destacar su historia para conocimiento de los lectores. Archívela en su memoria querido lector, son hazañas que deben ser conocidas y recordadas en este, nuestro país donde lastimosamente hay que reconocerlo, escasean.

Desde el día de su retiro lleva una vida de hogar que siempre le gusto disfrutar junto a su esposa, su compañera de más de medio siglo en Miami, ciudad en la que reside desde hace varios años. (TOMADA DE LA REVISTA EL DERBY)

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