Opinión

VUELA ALTO, MAMI GOYA

MSc. Brenda Mendoza Pimentel/Guayaquil.
FORO AGROPECUARIO ECUATORIANO

 

 

Quiero recordar los momentos bonitos que me deja esta gran mujer. La partida de una tía que ha sabido ser una segunda madre deja un vacío profundo, un silencio que pesa en el alma de toda la familia. Aunque ella no compartió un vínculo de sangre, entregó un amor incondicional, cálido y protector, convirtiéndose en el pilar emocional de quienes tuvieron la fortuna de crecer bajo su amparo.

Su hogar jamás fue solo una estructura de cuatro paredes, sino un refugio de puertas siempre abiertas, un santuario de generosidad donde cualquier persona, en busca de consuelo, consejo o un plato de comida, encontraba consolación.

Hoy que ha emprendido su viaje al cielo, la tristeza nos invade ante la realidad de no volver a ver su sonrisa ni escuchar su voz en la tierra. Sin embargo, el dolor de su ausencia no debe eclipsar la magnitud de su legado. Vivió largos años con una rectitud admirable, consolidándose como el vivo ejemplo de una mujer virtuosa y una dama de bien.

Su vida fue una cátedra abierta de dignidad, nobleza y empatía, valores que sembró con paciencia en el corazón de cada miembro de la familia.

Despedirla es un acto de dolor, pero también de profunda gratitud. Aunque su presencia física se haya desvanecido, su luz permanece intacta en los recuerdos compartidos, en las tradiciones que inculcó y en el amor que distribuyó sin condiciones.

Ella no se ha ido por completo; habita ahora en la nobleza de sus actos, que replicaremos en su memoria. Su tránsito a la eternidad es el descanso merecido para un alma que dio todo de sí en la tierra, dejando una huella imborrable que el tiempo no podrá borrar.

Vaya para mis primos queridos mi abrazo fraterno e imperecedero.

¡Vuela alto, mami Goya!