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Volcán Tungurahua pasa de alerta amarilla a naranja

El polvo volcánico está cayendo en varias poblaciones de las provincias de Tungurahua y Chimborazo (sur), por lo que la alerta naranja fue declarada en zonas de alto riesgo.

QUITO. Los pobladores de cuatro cantones: Quero y Mocha, en la provincia de Tungurahua; y Penipe y Guano, en la provincia de Chimborazo, que en los últimos días se han visto afectados por la ceniza que ha afectado a las plantaciones y ganado. Por ello, desde ayer, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgo (SNGR) declaró que elevar la alerta de amarilla a naranja la alerta en zonas aledañas al volcán Tungurahua.

Esta decisión fue tomada por las autoridades luego de analizar el Informe Especial Volcán Tungurahua No. 19 del 13 de Noviembre de 2015 emitido por el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, junto con los Informes de Evaluación de Daños del 14 y 15 de Noviembre de 2015 emitidos por la Coordinación Zonal 3 de la Secretaría de Gestión de Riesgos, y también el Informe del 17 de Noviembre de 2015 de la Directora de Monitoreo de Eventos Adversos.

La Secretaría dispuso, además, a los Comités de Operaciones de Emergencia presididos por los gobernadores de las provincias de Tungurahua y Chimborazo, que en el ámbito de su jurisdicción, «se mantengan en estado de alerta y operativos para realizar las acciones inmediatas que se requieran para proteger a la ciudadanía».

El Tungurahua, ubicado a 130 km al sur de Quito y de 5.029 metros de altura, es uno de los cuatro volcanes que están en erupción en Ecuador, junto al Cotopaxi, Reventador y Sangay.

El macizo se mantiene en erupción en 1999 y registró su mayor actividad en 2006, cuando dejó seis muertos en un poblado de Chimborazo que fue arrasado por aludes a causa de la expulsión de lava.

El Tungurahua («garganta de fuego» en idioma quichua) mantiene su actividad «alta» con la emisión de gases, vapor de agua y ceniza que cayó sobre varias poblados, según el más reciente informe del Instituto Geofísico de Quito.

Además, para «afrontar cualquier situación negativa que se pudiere generar por el fenómeno natural que está ocurriendo». (DO/La Nación)