Opinión

¡Viva el ‘calçot’, muera Vargas!

Nunca imaginé que el independentismo terminaría siendo tan arquetípico de lo español. La enésima muestra es el desprecio que gastan con Mario Vargas Llosa, tan vinculado a Barcelona, que evoca el poema de Machado: “Castilla desprecia cuanto ignora”. Basta cambiar el sujeto…

La inquina ha aflorado a cuenta del comunicado del PEN de Catalunya –secundado por el PEN Internacional, la organización de escritores que vela por la libertad de creación– que pide la libertad de sus socios Jordi Cuixart y Jordi Sànchez. Vargas Llosa criticó el texto en un artículo ( Las medias verdades, publicado en El País) y el martes anunció su renuncia a la presidencia emérita de PEN Internacional, cuya presidencia efectiva desempeñó entre 1977 y 1980.

Desde la barrera, resulta chocante que Cuixart y Sànchez sean considerados “escritores”. Serán muchas cosas y todas buenas pero… ¿escritores? No es gratuito recordar que las actividades del PEN Catalunya se financian, generosamente, por las subvenciones de Presidència de la Generalitat.

El lamento machadiano es aplicable al choque Vargas Llosa-independentismo. Reescribir el pasado de Barcelona y hacerlo encajar en el relato prêt-à- porter para las nuevas generaciones exige desdibujar la relación de un grupo de grandes escritores con esta tierra. En torno al editor Carlos Barral, Barcelona imantó un talento literario en los sesenta y los setenta que merece un respeto. No digo un aplauso ni reconocimientos porque me conozco el paño, tan sectario.

La polémica del PEN fue tratada en la tertulia del martes del canal 3/24, en la que todo un expresidente del Parlament, Ernest Benach, expresó ese desprecio tan “catalán” por Vargas Llosa: se habrán quedado descansados en el PEN Internacional. Al guiri más bobo le dan cancha pero que Vargas Llosa opine del procés…

El catalán también parece despreciar cuanto ignora. Entre las causas defendidas por Vargas Llosa destaca una crucial: denunciar el carácter dictatorial del castrismo, en la época en la que tantos colegas suyos le reían las gracias, en parte porque sus visitas a la isla eran una fiesta, a la que los cubanos nunca fueron invitados.

Muchos barceloneses agradecemos a Mario Vargas Llosa sus opiniones razonadas, tan ajenas a la cultura del talonario al uso y la exaltación de lo neorrural –como las toneladas de calçots que ayer se zamparon en Valls– mientras se zurra a intelectuales de talla mundial que por afecto a esta tierra opinan sobre ella.

“Barcelona me hizo escritor”, dijo Vargas nada más ser premiado con el Nobel en el 2010. ¡Y qué escritor! Aunque incomode a muchos, aquí vivió entre 1970 y 1974 y aquí se casó con la literatura gracias a Carmen Balcells, cuyas opiniones sobre el panorama intelectual catalán y el PEN de hoy serían muy, muy interesantes.

Autor: Joaquín Luna,España.