Opinión

Visión del campesino en sus Mercados

Por:  Andrés Felipe Serna Vélez / Colombia.

Bajo el acuerdo 039 de 1988 se instauró en Medellín un proyecto que ha definido hasta la actualidad parte de la política sobre las dinámicas rurales en el municipio. Desde su entrada en funcionamiento en la alcaldía de Juan Gómez Martínez, Mercados Campesinos ha demostrado la posibilidad de incluir al campesinado bajo mejores condiciones en el sector urbano, mejorando su calidad de vida, estimulando proyectos productivos y fortaleciendo la apropiación territorial en corregimientos aledaños.

Tal iniciativa adquiere aún más importancia si se le sitúa en el complejo contexto que emergió: la guerra de carteles del narcotráfico y la amenaza contra el Estado, periodistas, políticos y civiles. Por tal motivo debe reconocerse que los mercados, al igual que los parque biblioteca, y eventos de ciudad como la Fiesta del Libro y la Cultura, sirven de ejemplo para demostrar que sus habitantes pese a los problemas, tienen hoy menos miedo de recorrer sus calles.

La integración democrática y cívica en torno a los mercados, no debe por lo tanto sobresaltar al campesinado como un sistema socioeconómico donde hay una mera relación de producción y consumo basado en el trabajo familiar. No es el mercado el que prima sino el campesino que aglomera cultura, tradición e historia y su relación con el resto de ciudadanos.

Muchos de nosotros tenemos platos en la mesa cuyo origen desconocemos. Acostumbrados a las grandes superficies, presas de la globalización y de la apertura económica, los frutos de nuestra propia tierra han sido marginados y quienes la labran olvidados como sujetos externos a la urbe.

Haciendo alusión al texto de Sandra Patricia Ramírez, Cuando Antioquia se volvió Medellín, pasamos de ser un pueblo grande a una ciudad en torno a la cual giraban todos los asuntos económicos, sociales, políticos y culturales de Antioquia, precisamente gracias a la migración de pueblerinos y campesinos que hoy sigue vigente. Aunque muchos no tienen estadía permanente, en los parques de Belén, Cristo Rey o Mon y Velarde, es posible ver aún tal dinámica en la que renuevan los escenarios urbanos y aportan elementos de gran valor que superan la mera oferta alimentaria o relación económica.

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