Opinión

Violencia Cantonal

Gonzalo Escobar Villavicencio

gonzalo_escobar7@hotmail.com

Leonardo Escobar Bravo

leonardoescobarb@hotmail.com

En un Estado-nación, los territorios están claramente delimitados y organizados, las poblaciones definidas, todo esto en torno a un gobierno que reconoce sus límites espaciales y de poder. Esto es, el gobierno: aquellas autoridades de turno que ejercen el oficio de administrar los recursos del pueblo y acatar su soberanía, deben respetar la voluntad soberana que los eligió. Los funcionarios públicos son elegidos en urnas, y son elegidos para representar y servir, jamás trastornar éstas nociones con representarse y servirse a ellos mismos.

Cómo puede ser que escuchemos de tanto disturbio, tumulto, descontento en los cantones de nuestro país. Es conocimiento, ya de todos, el cansancio ecuatoriano del gobierno de turno, aquellos pasajeros que, muy probable, les espera un espantoso recibimiento popular cuando se bajen de ese tren gubernamental. No puede ser que concejales organicen revueltas por que el alcalde no forma parte del oficialismo; no puede ser que un país en vías de desarrollo se frene por maquinaciones de subalternos que son de un partido sectario cuya voluntad debe ser ley.

Estas semanas, cuando los cantones de Milagro, Balzar y Daule en Guayas, por ejemplo, celebran sus fiestas, vemos los espíritus locales apagados. Apagados por la falta de empleo, la falta de negocio, la falta de fluidez comercial causada por una burocracia lerda y que trabaja para sí misma, no para el desarrollo social que promulgan. Ya los escándalos de robo son cosa diaria, pero más aún, estamos llegando a la violencia, donde se conspira para atentar contra la integridad de alcaldes cuyo propósito es con su gente, con su gobierno autónomo descentralizado; su obligación es con éstos, no con las autoridades del régimen central.

Ecuador, su gente, ha comenzado a perder el miedo a un régimen que por exceso de arrogancia y ridiculez se quedó sin respeto, que se va tornando cada vez más ilegítimo por su atropello del derecho y la ley. A las autoridades se las eligen en las urnas, y se respeta el debido proceso para obedecerlas o destituirlas, pero no se lincha con barbarismo. Con más frecuencia escuchamos las quejas, las denuncias, la furia de un pueblo que se siente ignorado. El respeto a los alcaldes que siguen su propio ideal es esencia de república y democracia, y para materializar estos principios debemos hacer escuchar nuestra voz, hacerla respetar. Ése es nuestro derecho y obligación como ciudadanos de la República del Ecuador.

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