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Vinicio, el rebelde 10 del Diez que todos los días se pinta la cabeza con pomada

El ecuatoriano es la figura de Dorados, el equipo de Maradona. Hasta los 18 años nunca había jugado en un club. Y tuvo varios “tropiezos” por indisciplina.

Se arremanga el short y abre los brazos. Estira a más no poder los pulgares y los meñiques para dibujar en el aire la “señal de shaka”, el saludo que popularizaron los surfers y adoptaron muchos jugadores de fútbol, entre ellos Neymar. El hombre que está sentado en una butaca de la platea principal del estadio Banorte de los Dorados de Culiacán es un hombre de suerte. Lo sabe y lo admite. Apoya las piernas en el asiento de abajo y se relaja. Está en su mejor momento.

Vinicio César Angulo Pata, también conocido como Vini por sus compañeros, o Vinicius en cada declaración de Maradona, tiene 30 años y nació en Guayaquil, Ecuador. Recién a los 18 años tuvo su primer contacto con un club profesional de fútbol. ¿Qué hacía antes? “Vivía en la calle todo el día, eso era lo que me gustaba, jugar con amigos al fútbol, pero nada de canchas grandes, sólo fútbol rápido como le decimos en Ecuador”.

Potrero. Eso es lo que tiene el 10 del Diez. Ya lo demostró con la noche soñada en la que le regaló tres goles a Maradona en su debut como técnico acá en Culiacán. Y lo repitió con una definición de lujo el último sábado para sellar el sufrido triunfo ante Leones Negros. Con su perla, de yapa, generó una salida bien maradoneana. “Cuando Vinicius la picó al arquero de ellos se le habían caído unas monedas, fue a buscar las monedas al piso”, tiró Diego luego del partido.

La carrera de Vinicio está plagada de saltos y de tropiezos.

Arrancó en Independiente del Valle en 2008, pasó a Barcelona de Guayaquil, volvió a Independiente, deambuló en el FC Paços de Ferreira, de Portugal, donde jugó apenas 118 minutos en seis meses. Volvió a su país para marcar dos goles en 20 encuentros con la camiseta de Emelec. Debido a los faltazos reiterados a los entrenamientos fue apartado a la Reserva y luego negociado a El Nacional. Pero el cambio de club no mejoró la conducta del delantero y fue separado del plantel por “reiterada indisciplina”. Hasta que a mediados de 2014 plantó bandera en México: Alebrijes de Sinaloa, San Luis y dos pasos por Dorados. Con el Gran Pez ya sabe lo que es subir a la máxima categoría: logró el ascenso en 2015.

Todos los días Vinicio se enchastra una capa de pomada negra en el cuero cabelludo. Su pelo no es pelo. Apenas tiene un penacho chiquito y todo lo demás es pintado, empastado. Es como si tuviera una pátina de plasticola en la cabeza. Por eso cuando llueve se entrena con una capucha puesta. Así es el 10 del Diez. Tómelo o déjelo.

“Llevar la 10 es algo muy bonito, me pone muy contento. Me lo tengo que tomar con mucha responsabilidad y con mucha emoción. Y cada partido tengo que demostrar que me la merezco”, advierte a Clarín el ecuatoriano. Y deja el celular, los auriculares y el reggaeton en la butaca de al lado.

—¿Qué fue lo primero que se te cruzó por la cabeza cuando te enteraste que iba a venir a dirigir Maradona?

—Fue algo que nadie se lo creía, algo de la noche a la mañana. Pensábamos que era mentira, una broma. Y ahora está acá.

—¿Quién es tu ídolo en el fútbol?

—Ronaldo. Pero el brasileño, el gordo, el delantero.

—¿Y Maradona? ¿Lo veías por videos?

—Sí, claro. Tengo compañeros de Ecuador que eran muy fanáticos y me volvían locos. Veía de chiquito las imágenes… Un zurdo espectacular. No se puede creer lo que hacía con ese porte. Ahora él nos pone videos y ahí vemos las patadas que le pegaban, eran de caníbales, a quebrar. Y él se paraba e iba para adelante. Es algo de otro planeta.

—¿Diego les muestra videos suyos?

—Sí, hemos visto. Él se ríe de ver cómo lo pegaban. O del gol que hizo con la mano. Nos contaba que ya había hecho otro así y nadie se había dado cuenta. Se ríe solo.

—¿Para el jugador es una obligación extra tener a Maradona en el banco?

—Yo creo que sí. Tienes que demostrar minuto a minuto y partido a partido todas las condiciones y la confianza que él te da. A mí me dice que nadie me tiene que parar, que tengo que ir para adelante.

—Dicen que tuviste algunos problemitas de indisciplina…

—Es cierto, antes era muy rebelde. En cada club que iba he tenido muchos problemas. Era muy loco. Y eso me generaba problemas en los equipos. Pero desde que llegué a México soy un jugador nuevo, estoy contento y por eso continúo acá.

—¿Cuántos tatuajes tenés?

—No sé, ya perdí la cuenta.

—¿Qué es lo que te ponés en la cabeza?

—(risas) Es como un gel, una pomada que uso.

—¿Todos los días te pintás con eso?

—Sí, todos los días. A mí me gusta. Y estoy acostumbrado.

—¿Van a ascender?

—Yo creo que sí. Este club está para eso y de la mano de Diego lo vamos a lograr.

Sinaloa. Enviado especial /Clarin