Opinión

Viernes 13

 Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

 Un escenario sangriento, que respiraba desesperación, personas corriendo y rogando por sus vidas, algunos de ellos sin ningún vínculo político o religioso con sus verdugos; personas inocentes que salieron de sus casas sin pensar que aquel monstruo les arrebataría la vida. Digno de una película con título viernes trece. No sé si la fecha fue algo que tomaron en cuenta al planificar estos atentados, tal vez ni lo notaron en su hambre de violencia y sufrimiento ajeno. Es terrible ver como se asesinan sin piedad al otro lado del charco.

 Unos creen que la solución es seguir contraatacando, bombardear Siria o Paris (y viceversa) con la misma hambre de sangre que su enemigo y luego comparar para evaluar quien fue más vil, sin pensar que un misil equivale a la vida de cientos de personas que se encontraban en el lugar equivocado a la hora equivocada y jamás pidieron esto en su destino. La política considera erróneamente que tiene sentido sacrificar cuarenta almas inocentes por diez almas radicales, ¡Nunca lo tendrá!

 Nos negamos a entender a aquel que huye de su tumba viviente y decide emigrar, aquel que se niega a morir en manos de alguien más, manos que sin misericordia atacan en nombre de Dios, y otras manos que atacan escudados en la política como modo aceptable de defensa. Entonces nos sentamos a criticar y a juzgar con la misma balanza a todos. Basta de muertes, hasta cuándo vamos a seguir queriendo acabar guerras con más guerras.

 Me cuesta creer entonces que de este lado del charco muchos cínicamente prefirieron ver las cosas diferentes este viernes trece, en vez de orar escogieron criticar, en vez de prender la Tv eligieron prender el computador y sin ningún temor empezaron a hablar ligero respecto a un tema u otro. Se hicieron fuertes bandos, unos iban por Siria, otros por París o Beirut, parecía una pelea típica entre hinchas que hablaban de fútbol, perdieron completamente la perspectiva en esta dolorosa situación.

 Evidentes batallas cibernéticas, más notables cuando empezamos a distinguir que los perfiles de nuestros conocidos se teñían de azul, blanco y rojo, y algunos irritados de tanto colorcito no hicieron más que señalar.

Mientras los Parisinos usaban las redes sociales para comunicarse, pedir auxilio, o abrir sus puertas para refugiar esa noche a perjudicados en la ciudad a través del hashtag #PuertasAbiertas (#porteouverte), nosotros nos encargábamos de reclamarnos unos a otros porque llorábamos por Paris y nunca lloramos a Siria u otros países igual o más perjudicados en esta batalla. Cuanta miseria en el alma del usuario que calumnió a su amigo como novelero, ignorante o borrego, como si esto fuera una simple tendencia.

Quieren detener la migración sin detener la guerra, eso es simplemente imposible. Como es imposible detener la mediocridad del alma sin cambiar primero el corazón, volviéndonos así seres humanos sensibles a los cambios negativos que se sufren más allá de nuestras fronteras.

 Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.