Opinión

Vergüenza ajena

Margarita DagerUscocovich.

mrdager67@gmail.com.

Desde North Carolina, USA para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

Si le preguntase a otro ecuatoriano que mencionara algo positivo sobre nuestra mentalidad, posiblemente enumere cualidades que se han perdido a través de los años. Pero, en realidad nuestra mentalidad, considero yo, es como la mala yerba que crece y se esparce.

Resulta inverosímil que la sociedad ecuatoriana estuviese preocupada y exagerase situaciones como la del mural del artista español Okuda San Miguel en días pasados. En lugar de ocuparse de asuntos más importantes. Considero un agravio para la entidad CaminArte y para el propio artista, que salgan a comentar en redes sociales y otros medios, babosadas sobre algo que desconocen. En la actualidad decir la verdad para mejorar, es considerado una ofensa. El vituperio, los comentarios negativos hacen de nosotros un país con mentalidad de circo. Por eso he de acotar que: Calladitos nos vemos más bonitos. En este caso específico debió de ser, pero no fue…

Volviendo a lo dicho, mi opinión es muy personal, no tiene ningún valor comercial, sin embargo, considero que hay que convertirse en un feroz guardián y en el cuidador de lo que debemos cambiar de inmediato, porque si no, seguiremos cayendo aún más bajo de lo que hemos caído. No solo nos catalogarán como el país número 39 más corrupto si no como el país número 39 más mal agradecido y uno de los más quejambrosos e ignorantes.

Hoy por hoy nos alegra que el manifiesto de la violencia, la arrogancia, el conflicto etc., ocupe nuestro cerebro. Claro, existen excepciones a la regla, o más bien diría que la excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella. La verdad es una virtud que también la considero perturbadora, en este caso mucho más cuando es sobre la colorida y moderna obra de nuestras tejedoras, en donde el punto álgido es que aparece el anime asiático Pikachu.

Tengo entendido que esta obra fue comisionada por el gobierno español a uno de sus representantes más conocidos en el grafiti, murales y diseño internacional como lo es Okuda San Miguel. Para quien no lo conoce y no conoce su estilo y sus obras, antes de emitir un comentario sin pies ni cabeza, debió dirigirse a la fuente para poder pronunciarse al respecto, pero, es mala costumbre lanzar el agravio y luego hacerse el tonto.

El mural despertó un sinnúmero de quejas tan absurdas, que considero que como dijo Andréi Platonov “de nuestra fealdad crecerá el alma del mundo”. Así son las almas actuales de esa sociedad ecuatoriana de la que tanto me ufanaba en mi niñez y mi juventud. La sociedad ecuatoriana a la que me refiero era una sociedad que en mi tiempo crecía admirando las obras artísticas, y que por sobre todo abrazaba el embellecimiento de nuestras ciudades, que acogía un regalo con verdadero sentido del honor y del agradecimiento de nuestros corazones. Ahora, me da vergüenza ajena el leer, ver y escuchar las acotaciones sin sentido sobre el arte de Okuda quien engalana un sector de nuestra capital con el colorido que su ojo artístico y que su sensibilidad personal le han permitido desbordar en el trabajo pintado en el Boulevard 24 de mayo.

Quiero decir, que la ciudadanía quiteña y el país en general, debería apreciar el modernismo, su contenido y ese mensaje de hermosura y de paz que San Miguel deja en sus obras. El arte es eso, innovación, mezcla, evolución, pero no es una “cosa” es una “vía” en donde quien lo trabaja se reconoce a sí mismo y reconoce a los demás que lo inspiran y lo rodean. Quien conoce de arte, sabe que es ese momento donde la capacidad de capturar el tiempo permitirá despertar la sensibilidad en otros. Lamentablemente nuestro país se ha olvidado que el arte no consuela a los que están rotos.

¡Señores!, el mural de las tejedoras no solo es creatividad, es la mano extendida de alguien en el universo (en este caso Okuda) permitiendo que su energía nos conduzca a otro universo, uno distinto y más relajado. Es así como observo su trabajo, pura energía, la misma que indirecta e inevitablemente me ha conducido a ver claramente que mi gente, aquella que consideraba irreal, existe. Y, lo he confirmado una vez más gracias a un anime que todos hemos disfrutado y que como Superman, Aquaman o Batman han venido a formar parte de la cultura popular de nuestro país.

El arte para los ecuatorianos ya no es descubrir, ya no se hace necesario entender, ya no es una suma de componentes donde una actividad especifica trascienda por su poli angularidad, ni por su monumentalidad la que cuenta una historia en distintos tamaños y donde existan puntos de vista positivos por su composición, o por sus características que llamen la atención. Para mis coterráneos el arte, es sinónimo de sarcasmo, de preguntas estúpidas, de aseveraciones inútiles y en especial, para los que hacen de comunicadores, un bochornoso espectáculo. ¡A enterarse ecuatorianos!, el arte ya no es solo lo “indigenista” si no que es actualmente una expresión llena de carácter, de nacionalidades y vivencias, y en especial es parte del dominio del entorno del alma de quien las produce.