Opinión

VENEZUELA LLORA

Lilian Alarcón Durán

Portoviejo/Manabí.

 

La tierra tiembla en segundos, pero las consecuencias permanecen durante años en la memoria de un pueblo. Cuando un terremoto golpea una nación, no solo derrumba edificios y carreteras; también rompe sueños, separa familias y deja un profundo vacío en el corazón de quienes sobreviven. La hermana Venezuela enfrenta el dolor de una tragedia que enluta a miles de personas y despierta la solidaridad de toda la región.
Las imágenes de destrucción, edificaciones colapsadas y ciudadanos buscando desesperadamente a sus seres queridos recuerdan que la naturaleza no distingue fronteras, ideologías ni diferencias. Frente a un desastre de esta magnitud, todos somos simplemente seres humanos unidos por la esperanza de encontrar vida entre los escombros y de reconstruir lo que parecía perdido.
Para los ecuatorianos, este sufrimiento tiene un significado especial: el terremoto de 2016 que dejó una huella imborrable en la historia del país. En Manabí, ciudades como Portoviejo y Manta fueron muy afectadas, muchas familias perdieron sus hogares, negocios, y numerosas personas jamás volvieron a abrazar a quienes amaban. Esa experiencia enseñó que el dolor no desaparece de un día para otro, pero también demostró que la solidaridad tiene la fuerza de levantar pueblos enteros.
Po ello comprendemos el sentimiento de dolor que invade a los venezolanos. Sabemos del desconcierto que sigue al estruendo, las lágrimas de quienes esperan noticias, el miedo de volver a entrar a una vivienda y la incertidumbre sobre el futuro al perderlo todo. En estos momentos difíciles, las palabras quizá no puedan aliviar el sufrimiento, pero sí pueden transmitir proximidad y apoyo.
Las tragedias también nos recuerdan el enorme valor de la solidaridad. Cada ayuda humanitaria, donación, voluntariado y cada mensaje de aliento representan una luz en medio de la oscuridad. La reconstrucción de un país comienza con la unión de las personas y con la decisión de no abandonar a quienes más lo necesitan.
Hoy Venezuela llora, pero también resiste. Llora por quienes partieron, por las familias que lo perdieron todo y por las comunidades que deberán empezar de nuevo. Sin embargo, la historia demuestra que los pueblos tienen una capacidad extraordinaria para levantarse cuando caminan unidos.
Desde Ecuador, ya el gobierno y sus ciudadanos mancomunadamente movilizan ayuda importante para los afectados del sismo. Los que podemos, elevamos oraciones por todas las víctimas, remitimos nuestras más sinceras condolencias a las familias afectadas y expresamos nuestra esperanza de que la recuperación llegue pronto. Que la fortaleza venza al miedo, la solidaridad sea más grande que la tragedia y la vida vuelva a florecer allí donde hoy solo quedan escombros.