Opinión

Venezuela: el día después

La reconstrucción de Venezuela será larga y difícil. Podemos contribuir y ganar mucho con ella.

El día que renazca la democracia en Venezuela se iniciará un difícil camino de reconstrucción de sus instituciones y su economía. El ‘Plan país: la Venezuela que viene’, elaborado por sectores cercanos a Guaidó, muestra que allí la oposición tiene clara la compleja hoja de ruta. Colombia y los países que los apoyan deben prepararse para ser socios efectivos en esa tarea.

La destrucción de la economía venezolana en manos del chavismo resultó apenas comparable a la devastación producida por las peores guerras. El PIB por habitante se redujo a la mitad desde el 2014 y es hoy menor que el de 1950: ¡en los últimos cuatro se perdieron 70 años de progreso económico! La población en situación de pobreza pasó del 48 al 92 %, y Venezuela es hoy el cuarto país más pobre en América Latina (supera tan solo a Haití, Honduras y Nicaragua), después de haber sido el más rico en la región a principios de los 80. Y padece la inflación más alta del mundo desde el 2013.

La profundidad de la crisis humanitaria es dramática: 1,3 millones de venezolanos sufren hoy de desnutrición, más de 1.000 personas han muerto por falta de medicamentos, y la tasa anual de homicidios supera el 82 por cada 100.000 habitantes. El hambre ha producido la diáspora más grande de la historia de nuestra región: 2’800.000 venezolanos viven hoy exilados de su país, casi la mitad de ellos en el nuestro.

¿Cómo logró el chavismo dilapidar la mayor bonanza de ingresos petroleros en la historia del Venezuela? Entraron 760.000 millones de dólares entre el 2003 y el 2014, y durante esos años no se ahorró nada y se invirtió muy poco. El país se quedó sin reservas internacionales para pagar las importaciones más básicas (las de alimentos y medicamentos se redujeron en 70 % en los últimos años), el déficit fiscal superó el 10 % del PIB, aun durante el ‘boom’, y la deuda pública externa aumentó 8 veces. La infraestructura de transporte está muy deteriorada, y hay cortes en el suministro de gas, energía y agua potable.

Miles de millones de dólares se fueron en fuga de capitales de los ricos tradicionales y nuevos: ‘boliempresarios’, militares y dirigentes chavistas. Otro tanto se desperdició en apoyos geopolíticos a Cuba y los países del Alba, y en corrupción y clientelismo en Venezuela.

El ‘Plan país’ contempla seis objetivos estratégicos: estabilizar la economía, atender la emergencia humanitaria, reactivar la industria petrolera, asegurar el acceso a los servicios públicos, garantizar la seguridad ciudadana y generar confianza y seguridad jurídica. No será fácil lograrlos. Los dos primeros requerirán un nivel de ayuda externa monumental, que tendrá que incluir la contribución generosa de los países europeos y EE. UU., además de los del Fondo Monetario, el Banco Mundial, el BID, la CAF y las Naciones Unidas.

El tercero obliga a abrir las puertas a la inversión privada petrolera, puesto que el chavismo acabó con la empresa estatal PDVSA, que era la gallina de los huevos de oro, al botar a miles de técnicos después del paro petrolero del 2002 y reemplazarlos por militares incompetentes o corruptos. Por eso, la producción petrolera se redujo de 3 millones de barriles por día en el 2000 a 1,4 el año pasado, una cifra apenas 50 % superior a la nuestra, y sigue cayendo.

La clave del éxito radicará en convencer a parte de los muchos venezolanos preparados e innovadores que dejaron su país en las últimas décadas para que regresen a reconstruirlo. Pues el fenomenal éxodo de capital humano que ha tenido lugar constituye un daño aún más grave que la destrucción y el deterioro que han sufrido las instituciones, la infraestructura pública y petrolera y las empresas productivas.

El Gobierno, el sector privado y la sociedad colombiana tendrán mucho que contribuir y ganar (en comercio, inversión y seguridad) en el exigente camino de la reconstrucción de Venezuela.

Autor: GUILLERMO PERRY/COLOMBIA.