Ciencia

Varios grandes de la relojería se suben al tren de la conectividad

Marcas como Tag Heuer, Tissot e incluso Bulgari se actualizarán con ‘relojes inteligentes’

COLOMBIA. Una parte importante de las grandes firmas de la relojería mundial ha tomado la decisión de no quedarse atrás en el vertiginoso mundo de la hiperconectividad. Y lo dejaron muy claro esta semana en el Baselworld 2016, el gran salón de esta industria, que se llevó a cabo en Basilea (Suiza).

Tissot, una de las marcas emblemáticas de Swatch Group, líder mundial de la relojería, presentó un reloj conectado, el T-Touch Expert Solar, que permite, entre otras cosas, encontrar unas llaves gracias a una pequeña baliza, acceder a datos meteorológicos y hasta navegación por GPS.

Bulgari, que forma parte del grupo Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), el gigante francés del sector del lujo, anunció una asociación con Mastercard para permitir el pago sin contacto a través de su modelo Diagono Magn@sium, que espera comercializar antes de fin de año.

Y Tag Heuer, la mayor marca de relojes de LVMH y una de las pioneras entre los grupos suizos en lanzarse en el reloj conectado, reveló que en solo cuatro meses ya ha vendido 20.000 unidades (cuatro veces más de lo previsto) de su reloj de lujo Carrera Connected, creado en asociación con Google e Intel.

Los anteriores son solo algunos ejemplos de una realidad de mercado que parece estar cada día más clara. El ambicioso reloj iWatch, de Apple, y los de otras marcas, como Sony o Samsung, han entrado a satisfacer una serie de necesidades que van más allá de saber la hora exacta, y varios de los grandes patrones de la relojería fina mundial no quieren quedarse abajo de este tren.

De hecho, algunos fabricantes comparan el momento con la llegada de los relojes de cuarzo, en los años 70, que golpeó duramente a la relojería suiza y acabó prácticamente con la francesa. Basta con ver la vertiginosa evolución de los relojes para deportistas, que ya no solo miden tiempos y frecuencia cardíaca, sino calorías consumidas, calidad de sueño y otras variables de bienestar, que es una de las mayores preocupaciones de las generaciones contemporáneas.

Por eso compañías relojeras como Mondaine, que ostenta el galardón de ser la marca oficial del sistema ferroviario suizo, se han lanzado en la búsqueda de un híbrido perfecto entre diseño y conectividad con su modelo M-Motion, que monitorea y expide reportes (conectándose inalámbricamente con el teléfono móvil del usuario) de toda la actividad física de una persona durante el día y la noche, entre otras funciones.

Jean-Claude Biver, presidente de Tag Heuer y un veterano de la industria, no ve las cosas tan graves como cuando aparecieron los relojes de cuarzo. “El cuarzo mataba la relojería tradicional; esto es diferente. No tenemos la impresión de que haya una competencia entre el reloj conectado y el reloj tradicional”.

François Thiébaud, presidente de Tissot, recuerda dónde está la gran fortaleza de los relojes finos tradicionales, a menudo ofrecidos como regalo para marcar los grandes momentos de la vida: “No se lleva un reloj conectado para ir a una boda o a la ópera”, subrayó en la conferencia de prensa de apertura de Baselworld.

En esta línea, varias marcas de lujo rechazan totalmente la posibilidad de entrar al mercado de los conectados. Chanel y Longines son dos ejemplos. Y sus directivos incluso se congratulan de que sean otras marcas las que opten por explorar este nuevo horizonte.

Es una apuesta basada en la teoría de que un reloj, más que un aparato para ver la hora o cronometrar un trayecto, es ante todo una joya; un artefacto que nos distingue de los demás y que a menudo nos recuerda un momento importante de nuestras vidas.

La otra cara de la moneda son los fabricantes de relojes finos que piensan que sí es posible conciliar los dos mundos: el de la tecnología y el de la elegancia. Y no solo ellos lo ven así. En el mundo de los relojes deportivos, por ejemplo, marcas como Fitbit le apuestan buena parte de su esfuerzo a un diseño que permita que el reloj para correr no se quite de la muñeca apenas termina la sesión de ejercicio, sino que pueda usarse durante todo el día sin crear conflicto estético alguno si, por ejemplo, la persona va de corbata.

Jean-Daniel Pasche, presidente de la federación relojera suiza, cree que “está bien que las marcas suizas se interesen también en este tipo de productos”, que los relojes conectados y los tradicionales pueden coexistir y que corresponderá a cada marca “definir su estrategia en este ámbito”.

Puede que ambas partes tengan razón: que una joya como un Cartier jamás vaya a ser reemplazada por algo equivalente a un iWatch. Pero también es cierto que los relojes cada vez prestan más servicios, y que en un mundo cada vez más conectado y cada vez más monitorizado, los llamados relojes inteligentes serán un aparato cada día más necesario y útil. (El Tiempo/La Nación)