Economía

Vacaciones en la economía global

Si un trabajador decidiera dónde vivir en función de los días de vacacionesque va a tener, su destino dentro de Europa sería Francia o Finlandia. Ambos Estados se encuentran entre los países con más días de descanso retribuido del mundo, según los datos del Banco Mundial, con 30 días laborables de vacaciones al año (un poco más -30,6-, en el caso de nuestro país vecino). Aunque la media mundial está en 18,6 días laborables de descanso retribuido al año, lo más habitual en los países de nuestro entorno es que se reconozcan alrededor de 20 días, una cifra que supera España (que cuenta con 22) al igual que Portugal y Polonia. Los países nórdicos son, por lo general, los que cuentan con períodos de descanso más amplios. Aunque Noruega estaría dentro de los estándares, con 21 días de asueto anual —lejos de la ya mencionada Finlandia—, Suecia y Dinamarca cuentan con 25 jornadas de descanso, e Islandia con 24. Luxemburgo también aparece bien situado en la clasificación, con unas amplias vacaciones de hasta 25 días laborables, al igual que Austria. Otros países como Irlanda, Croacia o Bulgaria, cuentan tan sólo con 20 días.

En la Unión Europea (UE), los trabajadores tienen derecho a cuatro semanas al año de vacaciones retribuidas, pero a este marco legal básico cada país ha ido añadiendo sus propias especificidades. También algunos convenios colectivos o incluso las propias empresas amplían estos derechos. Y es que, en un mundo cada vez más global y en el que cada vez se valoran más este tipo de incentivos, la regulación sobre permisos retribuidos y las mejoras que pueda ofrecer la empresa a este respecto pueden ser determinantes para atraer talento.

Las vacaciones pueden considerarse “parte del salario emocional”, tal y como señala Fernando Bazán, socio de Deloitte Abogados. Este experto destaca las especiales características de las nuevas generaciones que se incorporan a las empresas y que demandan mayor flexibilidad laboral, una cuestión sobre la que España “está en el vagón de cola”. En este sentido, lamenta que, “en ocasiones, la negociación colectiva a nivel sectorial frene la flexibilidad en las empresas en esta materia”. Además, explica que la mentalidad española de disfrutar los días de asueto mayoritariamente en agosto puede ser un problema para empresas multinacionales: “Tenemos clientes internacionales, como empresas de alquiler de coches, que no conciben que en su época de mayor actividad, como es el mes de agosto, se vaya la gente de vacaciones”. Para afrontar este tipo de circunstancias, Bazán apuesta por medidas que contribuyan a cambiar de hábitos, como premiar con más días de descanso a quienes los cojan fuera de temporada.

En países como Estados Unidos, aunque los derechos de vacaciones de los trabajadores no están tan protegidos como en Europa, algunas empresas ofrecen a sus empleados beneficios imaginativos. Según apunta Eva Otaegui, socia del departamento de Laboral de Osborne Clarke, “la legislación estadounidense permite fórmulas tan sorprendentes como las cada vez más comunes “políticas de vacaciones ilimitadas”, que han implementado compañías como Netflix o Virgin Atlantic”, según las cuales los trabajadores de estas compañías pueden disfrutar de un número ilimitado de días de descanso, evitando así la necesidad de monitorizar las vacaciones que usan sus empleados y esquivando también la obligación de abonar los días devengados y no disfrutados cuando el empleado causa baja en la empresa.

Sin embargo, según Otaegui, este tipo de políticas no podrían trasladarse a nuestro entorno jurídico y cultural: “En España, los empleadores seguirían estando obligados a garantizar que sus trabajadores hacen uso del número mínimo de días de vacaciones que establece su convenio colectivo y deberían, en todo caso, abonar en el finiquito del empleado aquellos que no se hubieran disfrutado al terminar la relación laboral”. Y añade que, mientras que en Estados Unidos se ha constatado en la práctica que los trabajadores no hacen uso de un número de días de vacaciones significativamente mayor al que tenían con anterioridad, “la costumbre española es agotar los derechos que tenemos reconocidos, por lo que el efecto de una política de días ilimitados de vacaciones podría ser muy peligroso”. (EL PAÍS/LA NACIÓN)