Opinión

Una reflexión sobre la presencia femenina en el poder en México

La vida democrática en nuestro país tiene una larga historia, no así la participación de las mujeres en la vida pública. Por tanto, independientemente del porcentaje de participación ciudadana en el ejercicio electoral de este 2 de junio, tener una mujer en la Presidencia de la República es un hito en la historia de México.

¿Por qué es relevante este tema? Históricamente, la promoción del talento femenino en las altas esferas públicas no se ha dado fácilmente. Han pasado más de 70 años desde que la mujer tiene participación en los asuntos políticos, sin embargo, hay mujeres aún con vida que no tuvieron derecho al voto al cumplir 18 años.

De acuerdo con el influyente psicólogo social Geert Hofstede, al comparar en seis dimensiones las culturas de distintos países a nivel mundial, hay un atributo que vale la pena analizar, referido a la masculinidad a nivel cultural. El resultado indica que, de un máximo de 100 puntos posibles, México obtuvo una puntuación de 69, y al compararlo con los 50 países con mayor población, está en 2o lugar, después de Japón. Esto quiere decir que, en México se tiende a valorar el uso de la fuerza, un manejo de emociones asociado a la masculinidad y la competitividad, y la sociedad espera que sea así.

Estas cuestiones culturales también se permean en organizaciones en las que, igual que en la sociedad, la representatividad de las mujeres en puestos de alta responsabilidad aún es limitada. En este sentido, y aun cuando el gobierno necesariamente debe considerar las necesidades de hombres y mujeres, la agenda que tendrá la próxima mandataria para abordar la brecha de género, tendría que considerar los indicadores que retratan estos y otros aspectos para entender mejor y poder superar la brecha de equidad.

Según cifras del WEF, para alcanzar la paridad se evalúan cuatro indicadores de la brecha de género a nivel mundial: participación económica y oportunidades, nivel de estudios, salud y supervivencia, así como empoderamiento político. Para el caso de México, en 2023 se observó un descenso del 31° al 33° lugar dentro de los 146 países que participan en el Índice Global de Brecha de Género. Se obtuvo un índice del 76.5%, lo que indica que la brecha para alcanzar la paridad es de 23.5 puntos porcentuales.

¿En qué áreas habría que poner atención? La educación de las mujeres no se refleja en una mayor participación en el ámbito laboral a pesar de que el componente educativo es alto (99.4%) debido a la completa igualdad en la educación terciaria y un 98.4% en la tasa de alfabetización. En el ámbito laboral, México se ubica en el puesto 125 entre 146 naciones. Adicionalmente, los ingresos de las mujeres representan casi la mitad que los hombres.

En cuanto al componente de Salud y Supervivencia, se ha observado un retroceso en la esperanza de vida de las mujeres mexicanas de 2.4 años mientras que la disminución en hombres fue de 1.5 años, por el COVID. Además, la mortalidad materno-infantil de 33 muertes por cada 100 mil nacimientos es preocupante como el índice de violencia de género que afecta al 14% de las mujeres durante su vida. Por otro lado, los periodos de licencia por paternidad y maternidad en México, de 7 y 84 días respectivamente, son insuficientes en comparación con otros países.

Por otro lado, dentro de los 16 indicadores de Trabajo Decente definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y analizados en el estudio “Trabajo decente en México. Análisis con perspectiva de género” elaborado por el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD), se resalta que la participación femenina en el mercado laboral es de 44.7%. Asimismo, se sabe que más de 2 de cada 10 mujeres de entre 15 y 24 años no estudian, no trabajan y no se capacitan, lo que afecta su desarrollo personal y el crecimiento económico a largo plazo, especialmente frente a una realidad donde hay un problema de escasez de talento a nivel nacional.

Además de tener menor acceso a la seguridad social, el empleo informal afecta más a las mujeres, llegando a un 55.8%, lo que se suma al poco tiempo de descanso, apenas llegando a casi 30 horas mensuales de diferencia respecto a las horas libres de los hombres.

Ante esta realidad, podemos inferir que, además de aspectos culturales que no favorecen el hecho de que haya una mujer en el poder, que se suman a un contexto internacional altamente complejo, la nueva presidenta necesariamente tendrá que ocuparse de fortalecer los mecanismos que permitan cerrar las brechas y abrir las posibilidades para asegurar mejores condiciones para las mexicanas, quienes representan un poco más de mitad de la población del país.

Nuestra nueva presidenta deberá seguir monitoreando los indicadores mencionados y enfocar esfuerzos colaborativos, involucrando hombres y mujeres de distintos perfiles para identificar líneas de acción hacia un cambio de fondo para esta generación y para el largo plazo.

 

 

Red Forbes • Forbes México