Opinión

Una Cumbre para la historia

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Momento histórico, cuánta emoción, todos pendientes de ese apretón de mano que representaba la libertad simbólica que algunos habían ansiado por décadas,  esa ceremonia valía millones de sonrisas, millones de comentarios, millones de críticas pero sobre todo valía un millón de aplausos por el gran paso que se estaba forjando dentro de un contexto político que llenó miles de páginas en más de un libro de historia en el pasado. La nueva declaración de dos pueblos: cubano y americano. Como diría Amstrong en aquella famosa frase cuando piso la luna: “Un pequeño paso para un hombre –que en este caso fueron dos-,  un gran salto para la humanidad”.

Puede parecer exagerado comparar ese momento político, que muy emotivamente llevó a Obama y a Castro a entrelazar sus manos con un respetuoso saludo en medio de la VII Cumbre de Las Américas, con algo tan universal como la llegada del hombre a la luna, pero no nos engañemos esta noticia tuvo proporciones fabulosas y considerando que los cubanos cubren el 99.99% del globo terráqueo, te aseguro que no es tan descabellado pensar que la humanidad fue testigo de un movimiento político poco probable e inesperado.

Yo los veía y no podía pensar en nada más que: ¡Dios mío! Que nervios, comunistas e imperialistas jugando a ser amiguitos. Me  imaginaba lo frenético que podía estar Raúl, que se sentirá asistir por primera vez como representante de Cuba a este magno evento, alzando su voz desde Panamá hacia el mundo, llevando un mensaje de paz y sobre todo recalcar que fue su segunda vez compartiendo el mismo techo con el presidente Obama; no les ha hecho preguntarse ¿Qué es lo que realmente andan buscando?

Entre tantos discursos cuidadosamente elaborados debo destacar, un aplauso para Obama, que siempre ha optado por ser sutil en sus actos y opiniones (como todo un caballero), que tiene bien clarito que muchas veces es mejor callar para no decir cualquier disparate que se escuche bonito y retumbe después en las redes sociales; que sabe que lo pasado pisado, ahora lo que cuenta es el presente que determine un mejor futuro; que piensa que vivir en base a guerras que no te tocaron pelear o que peor aún tú no has iniciado, simplemente no valen la pena (eso es retraso) y es sólo señal de un sistema construido sobre la hostilidad y el rencor.

La Cumbre nos enseñó que se puede decir mucho sin ofender, que los comentarios de otros gobernantes no pretenden aleccionarnos o achacarnos, sino a modo de lluvia de ideas los gobernantes debería asistir con actitud de tomar lo bueno y desechar lo malo, lo que sucede en otros países puede ser útil para mejorar el tuyo. Algunos olvidan por momentos que este tipo de programas tiene un propósito fundamental: fomentar “la unidad” entre líderes de países americanos, la cumbre no es una plataforma para retransmitir el show que das en casa.

El hecho de que hayan invitado a Cuba es una señal de que estamos avanzando, nos estamos acercando al día en que logremos unificar políticas más humanas, en donde el egocentrismo de unos no opaquen las buenas intenciones de otros. Sin duda estamos aprendiendo de nuestros errores y no estamos permitiendo que los rencores políticos que reinaron en el pasado nos detengan sin dejarnos continuar.

Es hora de pensar globalmente, darle prioridad a la unión noble e inteligente de gobiernos por el bien de nuestros países. Tengan la certeza que el egoísmo no llevará nuestro barco a ningún puerto, pues lo hundirá antes de anclar. Suman más cuatro que dos.

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