Opinión

Una cuestión de derechos

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil.

 

 

 

En la famosa frase: «Mi libertad termina donde empieza la de los demás», es posible sustituir la palabra “libertad” por cualquier otra que signifique algo parecido. Por ejemplo, “mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás… como los derechos de los más indefensos”.

Rusia fue el primer país en el mundo en legalizar el aborto gracias a un decreto de Vladimir Lenin, y este hecho lo recordamos infamemente el pasado 18 de noviembre. Sin embargo, José Stalin al darse cuenta de la drástica reducción de la población en el área rural -que era necesaria para trabajar la tierra- prohíbe el aborto en 1936, pero nuevamente en 1955 Rusia lo hace legal, común y accesible.

La Virgen de Fátima dice a los pastorcitos el 13 de julio de 1917 que para prevenir una catástrofe mundial eran necesario consagrar a Rusia a su Inmaculado Corazón. Si sus peticiones se cumplían, Rusia se convertiría y habría paz. Si no, Rusia esparciría sus errores por del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones a la Iglesia. Si San Juan Pablo II consagró o no a Rusia es tema para otro momento, pero en todo caso lo que sí podemos advertir es que fue algo tarde.

En Estados Unidos el Caso Roe Vs. Wade que permitió despenalizar el aborto es realmente penoso. Norma L. McCorvey «Jane Roe» sostenía que su embarazo había sido producto de una violación. Luego de tres años apelando a instancias superiores, logran modificar las leyes federales y estatales que prohibían el aborto en 50 estados. En 1995, McCorvey admitió haber mentido en su declaración con la ayuda de dos abogadas que buscaban la forma de cambiar la legislación en el estado de Texas con respecto al aborto. Ese mismo año se convirtió al cristianismo y en una activista provida y en 1998 entró a la Iglesia Católica.

El 3 de febrero de 1994, Santa Madre Teresa de Calcuta intervino en el Desayuno de Oración Nacional en Washington (EE.UU.) y pronunció estas palabras: “La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?”

La posibilidad de eliminar un feto -hasta su nacimiento- por enfermedad o discapacidad es una grave violación de los derechos de las personas con discapacidad. En estos momentos, Polonia, para mí la nación más católica de Europa (por no decir la única), está librando una dura batalla. El Tribunal Constitucional ha resuelto establecer la igualdad entre las personas sin y con enfermedad o discapacidad, valorando la dignidad de la vida en ambos casos. Pero el gobierno polaco todavía no publica dicho fallo.

Distintas organizaciones a nivel mundial se han solidarizado con los actores provida de Polonia, esperando que el gobierno de ese país respete esa sentencia. De esta manera, Polonia podría convertirse en estandarte de los países del mundo entero, respetando la vida humana sin discriminación alguna.