Opinión

Una Constitución Perecedera

Gonzalo Escobar Villavicencio

Gonzalo_escobar7@hotmail.com

 

Una constitución es una carta que sirve como norma suprema de una nación, y desde el inicio de su concepción se ha basado en principios y valores fundamentales. Hoy, prácticamente todo país del mundo tiene una, y hay una marcada diferencia entre aquellas que han sido duraderas y exitosas, y aquellas fracasadas y efímeras. Ecuador ha experimentado, únicamente, la segunda clase de constitución, las fallidas.

Con menos de 200 años de existencia, nuestro país ha tenido 20 constituciones. Es sorprendente que con la falta de seguridad jurídica y estabilidad política no estemos como otras naciones que han vivido tremendo fracaso histórico y estatal. No estamos desarrollados, sin embargo, como muchos de nuestros vecinos. Y es que cada constitución de nuestro país no ha sido una carta guía ni norma suprema; no, todas han sido un plan de gobierno amoldado a unas personas, y por tanto temporal y perecedero. Mi profesor de Derecho Constitucional dijo algo muy cierto en clase, y es que en nuestra historia, los períodos históricos llevan de la mano a un caudillo y una constitución y cuerpo de leyes moldeados a su conveniencia. Después de todo, tenemos la época floreana, con Flores y su constitución; la garciana, con García Moreno y su constitución; la liberal, con Alfaro y su constitución; y más recientemente… bueno, ya saben.

Todas estas constituciones están condenadas a fracasar, todas estas reformas jurídicas, económicas y sociales están condenadas a fracasar, y todo ese ego queda como legado de una persona, un ejemplo de cómo no lograr el cambio y alimentar a los lobos a tus seguidores. Todos estos reiterados fracasos se deben a la poca madurez y visión de nuestros gobernantes, y es la falta de preparación intelectual y psicológica para ocupar los cargos, las responsabilidades.

La razón se muestra con los hechos de la historia. Inglaterra no tiene constitución escrita, sin embargo fue fundadora de la idea con la Carta Magna; Estados Unidos nunca ha cambiado de constitución; Alemania la ha cambiado por sus diferentes etapas nacionales, marcadas por los episodios de guerra; Francia y España de manera similar; y Ecuador, pues 20 veces. Y esto es porque una constitución breve pero clara sigue los principios de fundamentalidad, recogiendo las disposiciones esenciales que regirán el espíritu y futuro del pueblo, mientras que una extensa (como la nuestra por ejemplo) pretende regular todo tipo de situación, a menudo generando inconsistencias y contradicciones. Mientras más disposiciones, menos margen de actuación y pluralismo político.

La enmienda VIII de la carta de derechos de norteamericana: “No se exigirán fianzas excesivas, ni se impondrán multas excesivas, ni se infligirán penas crueles e inusuales”, pero en ninguna parte prohíbe la muerte o tortura. Esto dio lugar, como muchos otros preceptos básicos, a que los estados interpretasen y desarrollasen la norma, creando instituciones y cuerpos de leyes que se amoldasen a la realidad social, económica y política de su tiempo. La razón por la que el sistema judicial es tan respetado en Estados Unidos, es porque al crear una constitución con gran margen de evolución, pero con los valores esenciales establecidos como guía para el pueblo, fue posible crear instituciones que se volvieron tradición, pues se formaron con las épocas según requerían, y una tradición no es fácil derrocar, y por consenso popular es más cercana a lo correcto, lo justo, a la voluntad nacional.

Para Ecuador, los cuerpos de leyes y las instituciones son un chiste, y son irrespetados, por la gente y por las autoridades que las modifican con exceso de detalles para amoldarlas a su conveniencia. La historia seguirá repitiéndose, hasta que logremos fundar un norma que plasme valores fundamentales, no personales.

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