Opinión

Una carrera diplomática para descubrir al mundo su “isla sin mar”

Concepción M. Moreno

@efe

Cuando Liz Coronel representó, orgullosa a sus 17 años, a Paraguay en 1991 en el programa académico-cultural Aventura ’92 percibió que mucha gente confundía su país con Uruguay y sus playas. Desde ese momento quiso ser diplomática y dar a conocer al mundo su “isla sin mar”.

Coronel (Asunción, 1974), directora de América en la Cancillería paraguaya, explica, en una entrevista concedida a Efe con motivo de la celebración de las 30 ediciones de la Ruta BBVA -otrora Ruta Quetzal y Aventura ’92-, que acudir al programa creado por el periodista español Miguel de la Quadra-Salcedo le avivó un afán por descubrir su nación a los demás.

“Nadie, o casi nadie, sabía que mi país es el único en América en mantener un prácticamente 100 % de bilingüismo hispano-guaraní, que ambas lenguas conviven armónicamente y sin conflictos; no sabían que uno de los tejidos más hermosos y delicados del mundo, el ñandutí, es paraguayo; y -lo que es peor- casi nadie sabía que no somos Uruguay y que no tenemos costas al mar. ¡Para mí fue increíble!”, relata por correo electrónico.

Según detalla, aquel viaje que, bajo el lema “Rumbo al Amazonas”, recorrió España, República Dominicana, Venezuela y Brasil, emulando el realizado en 1500 por Vicente Yáñez Pinzón, le hizo identificarse “cada vez más como paraguaya deseosa de mostrar y defender” la cultura de su país en el mundo y despertó su “vocación diplomática”.

La experiencia de 500 adolescentes de 35 países conviviendo durante 42 días a bordo del barco “Guanahani” le sirvió, según sus palabras, para sentirse “más unida y cercana al ser humano en general y a lo iberoamericano en particular”.

La expedición supuso “la apertura del mundo a 180º, apertura a otras maneras de pensar, a otras culturas, a otras realidades y, sobre todo, a considerarlas todas ellas tan válidas como la mía; a considerar al otro no como diferente sino como igual”, explica.

Esta hoy directora de América en el Ministerio de Relaciones Exteriores paraguayo se encarga “de las relaciones bilaterales-políticas” de su país con los demás del continente, algo bien vinculado a aquel despertar de su vocación en Aventura ’92, comenta.

Según relata Coronel, el servicio diplomático era en aquel momento “dedocrático”, por lo que no era fácil entrar. En la actualidad, hasta ocho antiguos expedicionarios han logrado formar parte de él, todos han ingresado “por rigurosos concursos, lo cual habla de la excelencia y la buena preparación que te da ‘para el oficio’ haber pasado por las manos de Miguel de la Quadra”, agrega.

A su vuelta del viaje amazónico, se licenció en Filología Hispánica y luego estudió en la Academia Diplomática. Entre 1999 y 2013 tuvo por destinos Buenos Aires, Washington, Asunción y Roma. La capital paraguaya es su actual ubicación.

Esta labor profesional tuvo su precedente “aficionado” cuando De la Quadra-Salcedo la invitó a representar a Paraguay en la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos, celebrada en Madrid en 1992 en coincidencia con la II Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, y después le pidió ayuda para organizar el itinerario de la ruta de 1994, “Expedición al Mundo Guaraní”, que llegó a Paraguay.

“Durante esa expedición tuve el honor de mostrar mi país a los ruteros y, lo más importante, revalorizarlo, verlo con ojos de turista, algo que usualmente perdemos en la vida cotidiana. Descubrí que ver un lugar con ojos nuevos hace que descubras maravillas que se pierden en las imperfecciones del día a día”, recuerda.

Su vinculación con Aventura ’92 la lleva a estar conectada, gracias a las nuevas tecnologías, con buena parte de quienes fueron sus compañeros y también a aleccionar a quienes acuden cada año por su país a la actual Ruta BBVA, a quienes dedica el siguiente mensaje: “Es el desprendimiento de todo al 100 %, es dejar atrás todo lo que piensan de vos, incluso lo que vos pensás de vos mismo, para reinventarte”.

Su contacto con antiguos expedicionarios ha sido tan habitual que ha participado en numerosos encuentros internacionales y ha organizado viajes por América. En uno de ellos, “una ruta de 10.000 kilómetros por Argentina, Chile, Perú y Bolivia”, conoció a tres chicas españolas participantes en el viaje de 1990. “Una de ellas años más tarde me presentaría a mi futuro esposo”, cuenta.

De esos encuentros, ella rescata la idea de que es “como hacer un stop en la rutina cotidiana que muchas veces te impide ver las cosas importantes de la vida” para “reencontrarte con ese adolescente idealista que es capaz de comerse el mundo que eras a los 17” años.

Sin duda, aquella “aventurera” que un día quiso convertirse en diplomática para dar a conocer al mundo su “isla sin mar” ha sabido mantenerse fiel a sí misma.

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