Opinión

«Un héroe es un individuo común que encuentra fuerza para perseverar y soportar a pesar de los obstáculos.»

Ing. Agr. Leonardo Escobar Bravo/Guayaquil

 

 

La frase de Christopher Reeve cae como anillo al dedo para recordar a uno de los íconos del deporte ecuatoriano de todos los tiempos: Pablo Sandiford Amador.

Pablo nació en un hogar humilde en Eloy Alfaro, Durán, el 29 de junio de 1922, y su primer contacto con el balón de básquetbol se produjo con sus compañeros de aulas escolares en la vecina orilla.

Ferroviarios fue su primer club y posteriormente se enfundó la casaca del legendario Athletic Club, con el que alcanzó sus más importantes laureles.

Con el equipo «Cebra», formó parte del quinteto inmortal junto a «Cuto» Morán, Alfonso Quiñónez, Fortunato «Cholo» Muñoz y Alfredo Arroyabe.

Fue pieza insustituible en la Selección del Guayas, manteniendo la hegemonía en el baloncesto tricolor durante 40 años.

Defendiendo la camiseta de la Selección Nacional, participó nada menos que en doce campeonatos sudamericanos, lo que ameritó que en Lima recibiera el reconocimiento de esta disciplina a nivel internacional.

En 1950 jugó en Argentina el Campeonato Mundial. La delegación ecuatoriana estuvo presidida por Augusto Barreiro y la integraron Juvenal Sáenz, como entrenador; los jugadores Atilio Ansaldo, José Díaz Granados, Fortunato Muñoz, Gabriel Peña, Víctor Andrade, Gonzalo Aparicio, Alfonso Quiñónez, Raúl Guerrero, Rodolfo Arroyo, Justo Morán, Alfredo Arroyave y Pablo Sandiford Amador, y el árbitro Carlos Boanerges Ceballos.

Pablo dejó el mundo terrenal el 6 de enero de 1992.

La foto corresponde a uno de los grandes equipos del Athletic: Fortunato Muñoz, Castillo, Alfonso Quiñónez Bonito, «Caballito» Cevallos, Marcelo Holguín, Pablo «La Araña Negra» Sandiford, Jacobo Bucaram E., «Galleta» Arroyabe, «Loco» Peña, Pío Sandiford y Goyo Loor.