Un eterno control de precios para una improductiva economía
Gonzalo A. Zurita
@GAZurita – Analista político-económico, escritor y conferencista liberal formado en Villanova University.
Control de precios existe en todas las economías, pero es más proclive en el tercermundismo cuando el Estado interviene para “paliar” la economía de los contribuyentes. En realidad, lejos de oxigenar el bolsillo del consumidor, contribuye muchas veces a un mayor descontrol del erario con suma negativa en cuanto a beneficios.
El intervencionismo estatal usualmente parte de un presupuesto —apalancado en deuda— altamente regulado y propenso a convertirse en botín político. Los esquemas público-privados, empero, intentan usar el poder del Estado junto a recursos privados para imprimir eficiencia y control a esa misma operación.
Casos como los de la transportación pública —prestación deficiente, carente de competencia y políticamente tarifado— deberían ser sometidos al manejo de operadores que ofrezcan un servicio de calidad —no acostumbrado por el sistema— al mejor precio ofertado, aunque supere la capacidad de pago del usuario. La subvención estatal estaría entonces calificada socialmente para suplir un déficit y optimizar un servicio manejado por expertos.
En general, salvo puntuales excepciones solventadas en mayores análisis, no existe un mejor sistema de control de precios que aquel influenciado por el propio mercado a través de la oferta y la demanda. La ideologizada Constitución del 2008 aplicó una camuflada especie de control de precios a todo lo que el país demandaba rentabilizar —gas, petróleo y energía en general— y requería de inversión extranjera para explotar. La salida se encuentra al fondo a la derecha.
