Opinión

Un derecho y un deber

Gonzalo Escobar Villavicencio

Gonzalo_escobar7@hotmail.com

Cuando el humano era, realmente, primitivo, en nuestra forma más básica nos dividimos en roles, en castas laborales que eventualmente se convertirían sociales. Esto lo hicimos según nuestras capacidades y necesidades, según nuestras voluntades. Existen varias teorías, discusiones de como iniciamos y consolidamos este proceso, pero en la base de todo está nuestro deseo por seguridad, comodidad y progreso (y en ese orden pensaría yo). Nace entonces nuestro derecho, y con el deseo de preservar y garantizar estos derechos creamos normas de conducta, y para consolidar el proceso organizamos este sistema normativo. E, inherente al derecho está el concepto de obligación.

Tener derechos significa tener obligaciones, lo uno no existe sin lo otro por principio. Y los derechos que hemos adquirido han cambiado y evolucionado mucho con los milenios. Desde el tribalismo, al despotismo, a las monarquías y formas más primitivas de democracia que restringían las libertades según la casta social y la procedencia de una persona. Nuestra raza ha vivido transformaciones y guerras con resultados muy diversos en todo rincón que haya pisado un grupo humano. Pero, finalmente, hemos llegado hasta nuestro presente, donde los medios de comunicación privados nos dicen verdades a medias, y los digitales son el espacio de revuelta donde de forma mucho más descentralizada tratamos de difundir la verdad objetiva y personal (protestas, opiniones públicas, problemas sociales, etc.), sin que sea muy opacada por la excesiva basura propia de quienes comentan, comparten y postean burradas.

Es vital que nosotros, los ecuatorianos, reflexionemos sobre esto ahora, porque es el momento idóneo y preciso para hacerlo. Porque los ingleses se rebelaron y decapitaron a un rey; porque los estadounidenses se independizaron de los ingleses por los impuestos y abusos de la corona; los franceses se deshicieron de su monarquía; Italia se unificó; España pasó por brutal dictadura;; La Gran Colombia quedó en el sueño, pero de ahí nacieron países que cambiaron la aristocracia española por la criolla, y desde entonces que vienen luchando por cambiar esa oligarquía residual por mayor igualdad. El cambio nunca cesa: y Ecuador, luego de fiascos democráticos y dictatoriales, sigue intentando.

La parte de verdad importante es esa. Que seguimos y seguiremos intentando. Porque escogimos una democracia, y esto significa la alternación de los poderes y visiones, y la desconcentración e independización de las diferentes funciones que compongan al Estado. Nunca al continuismo, porque es inherente enemigo del sistema democrático. La democracia significa la voluntad de la mayoría, y también significa la representatividad y capacidad para escoger, y cambiar cuando sea necesario. Porque no hay reinas ni princesas aquí, no hay lugar a los caprichos de unos que “dimos obras, merecemos lealtad y gratitud”, ¡No! Ese es el trabajo asignado al funcionario público. Su trabajo es servir, no dar caridad.

Por eso, por tantos que en los milenios pasados se han desangrado para obtener estos derechos que son la representatividad, para hacer oír y cumplir nuestro interés, y el voto, para elegir quien creamos esté mejor capacitado para hacerlo, y que así sea hasta que debamos cambiar por uno mejor. Estos derechos que nos da la democracia son vitales, y si mañana nos los quitan va a ser peor que un insulto a la madre. Así que ahora que es nuestro momento de elegir de forma legítima, por respeto al pasado y al presente, a nosotros y a nuestro futuro, un voto nulo o blanco es dar por sentada la historia y los logros de nuestros antepasados. Yo pido a quien lea que no insulte su sangre ni su derecho, que lo haga respetar, y que sepa que cuenta, para sí y los que vendrán mañana, y que si no hay uno mejor, debe haber el menos peor. Yo incito a quien lea que tenga consciencia de lo vital de sus derechos, y que ese derecho al voto lo ejerza, porque nadie quiere estancarse, queremos avanzar.

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