Opinión

Un carrito llamado Lasso

Ab. Xavier Flores Aguirre/ Guayaquil

Derecho, política, historia and random (that’s not whatever)

La política ecuatoriana es una montaña rusa. Al menos, lo ha sido para el Presidente Lasso*, quien, durante meses subió lentamente hasta la cúspide de su popularidad por el eficaz proceso de vacunación a la población, pero que una vez llegado a la cima, lo que siguió en seguida fue caer.

Rauda, estrepitosamente, caer.

Primero, la Asamblea le bateó de una la Ley LOCO**.

Luego, se vino la peor masacre carcelaria en una sola penitenciaría que ha registrado la historia de la muy violenta y psicótica y narco América latina, con un saldo de 119 muertos y unas escenas escalofriantes, que son la demostración de un Estado que ha resignado ser el Estado (el administrador del espacio, el que pone las reglas y las sanciones) en el lugar en que debía ser lo más Estado posible, puesto que él es el garante de las personas que están presas en un establecimiento por él administrado. El proceso de descorreización de las instituciones impulsado por el Presidente Moreno y no desvirtuado por el Presidente actual, desmanteló y desfinanció el sistema carcelario [v. ‘Ecuador a palos de ciego: 7 años sin un estudio sobre consumo de drogas’] y dejó al Estado en la incapacidad de ser el garante de los derechos de nadie. El abandono de los presos a su maldita suerte y un Estado aturdido e impotente son la consecuencia visible de esta aplaudida imbecilidad.

Con el fracaso en la política interna y con el escándalo nacional e internacional por el fracaso en la administración de la cárcel de Guayaquil, la caída del gobierno de Lasso ya era pronunciada.

Pero entonces llegaron los Pandora Papers para acelerar su caída, pues este otro escándalo internacional es uno donde el periodismo más imparcial de Occidente apuntó a Lasso como uno de los tres Presidentes en activo de la muy violenta y psicótica y narco América latina que han usado empresas en paraísos fiscales para eludir el pago de los impuestos en su país de origen. It begs the question: ¿Cómo es que te cobra impuestos entonces, aquel que ha buscado, consistentemente y por muchos años, eludir su pago?

Lo primero demuestra la debilidad del gobierno de Lasso frente al poder legislativo. Lo segundo pone en evidencia la incompetencia del Estado para ser, digamos, funcional (esta disfuncionalidad, por supuesto, trasciende el gobierno de Lasso. Es una enfermedad crónica desde 1830.) Lo tercero es una pérdida de credibilidad del gobierno de Lasso frente a la sociedad, pues esa es la consecuencia de tener un Presidente que ha eludido impuestos y que ahora pretende su cobro a los demás. Este trío es un combo maldito, que ha acelerado la caída del carrito de Lasso en la montaña rusa de la política ecuatoriana.

De estos declives en la popularidad/credibilidad no se vuelve fácilmente, si es que alguna vez se vuelve. Y Lasso no parece tener la fuerza, ni tan siquiera un plan, para remontar lo que ha perdido.

El suyo es un carrito, tal parece, rumbo al despeñadero.

Seguro que a Correa también se lo parece: en el 2013 su carrito llegó hasta la cima y desde ahí se ha ido guardabajo y sin frenos, en un viaje desde la casi omnipotencia de un Jefe de todo el Estado del Ecuador hasta convertirse en un paria del sistema electoral ecuatoriano, tras una ignominiosa persecución en su contra. En la caída de Correa (en picada desde 2017) se arrasó con todo lo que en la administración pública del Ecuador había de ‘correísmo’ por la gestión de un ‘excorreísta’, probando así el refrán ‘no hay peor cuña que la del mismo palo’.

** Locote proyecto de ley que quería que el empleado le pague al empleador 400 dólares cuando éste, por sí y ante sí y basado en causales discrecionales, decida despedirlo. N.B.: Es una abierta hijueputez.

 

(xaflag.blogspot.com)