Un antes y un después
Luis Hidalgo Vernaza
Siempre existe un antes y un después. Eso no es discutible, mucho menos cuando hablamos de política. Lo mismo ocurre con nuestra manera de pensar: podemos mantener durante mucho tiempo, con absoluta convicción, una idea o una teoría y defenderla a como dé lugar. Sin embargo, las circunstancias, los hechos y el paso del tiempo pueden modificar aquello que alguna vez consideramos incuestionable.
Cuando el actual presidente se postuló por primera vez para ocupar el cargo, buena parte de la opinión pública consideraba que su juventud y preparación hacían pensar que las posibilidades de alcanzar un buen gobierno eran difíciles de rebatir. Algo similar ocurría con la percepción sobre el régimen democrático y las expectativas que generaba.
Pero después de su segundo triunfo electoral y de obtener una amplia mayoría frente a la candidata del correísmo, las críticas comenzaron a aparecer paulatinamente.
La oposición política, desde un inicio, estuvo principalmente en manos del correísmo. Su líder llegó incluso a sostener que se habría producido una irregularidad en la votación, argumentando que se habría utilizado una tinta que desaparecía posteriormente al marcar el voto. A esto se sumaron determinadas situaciones de carácter legal que involucraban al presidente y a personas de su entorno familiar.
En la Asamblea Nacional se conformó un bloque oficialista integrado por los asambleístas del Gobierno, una pequeña cantidad de independientes y, posteriormente, algunos disidentes de otras tiendas políticas que terminaron incorporándose a diferentes posiciones dentro del escenario legislativo.
Durante los últimos meses, y luego de los viajes realizados por el Presidente a diferentes países para fortalecer alianzas y establecer acuerdos —principalmente con Estados Unidos—, comenzó a tomar fuerza una corriente de opinión que pretende presentar determinadas acciones del Gobierno como señales de sumisión.
Entre los argumentos utilizados están el combate frontal al narcotráfico, la minería ilegal y los actos de corrupción que se han denunciado en algunos GAD. Acciones que, desde otra perspectiva, podrían ser interpretadas como una injerencia del Gobierno en la autonomía de dichos organismos.
A esta oposición política se han sumado determinados medios de comunicación escritos y televisivos, así como columnistas que, según se percibe, mantienen una línea editorial abiertamente crítica al Gobierno. Últimamente también se ha incorporado a esta corriente el expresidente Osvaldo Hurtado.
Las coberturas informativas de determinados medios —que, como he señalado en anteriores ocasiones, no es necesario mencionar porque son ampliamente conocidos por los ecuatorianos— parecen estar revestidas, en su mayoría, de un marcado negativismo. Son pocas las ocasiones en que se presenta una señal que permita reconocer alguna acción positiva del gobierno.
El caso PROGEN y las personas supuestamente involucradas se han convertido en una cantaleta diaria y en una herramienta permanente para cuestionar al Gobierno. Cada nuevo elemento es presentado como una oportunidad para reforzar la percepción de que existe corrupción o falta de transparencia.
En materia de seguridad, los ministros responsables han sido calificados, como mínimo, de ignorantes o incapaces. Los asesinatos y los casos de sicariato son atribuidos directamente a la responsabilidad del Gobierno, llegando incluso a exigirse que la Policía esté un paso adelante de los delincuentes y pueda anticiparse a cada crimen. Con ese razonamiento, parecería que en el último caso ocurrido en Salinas los policías debieron estar esperando al criminal en la playa.
También el Secretario de la Administración ha sido objeto de fuertes críticas, particularmente después de que, a través de una cadena televisiva, se expusieran hechos relacionados con presuntos actos de corrupción ocurridos durante el Gobierno de la llamada Década Perdida. Quienes lo cuestionan sostienen sus propias interpretaciones sobre sus actuaciones y lo plasman en el medio respectivo.
Ahora aparece un nuevo elemento: el estiaje que probablemente enfrentaremos durante los próximos meses y sus posibles consecuencias por la falta de energía. Los eventuales apagones ya comienzan a convertirse en otro argumento para generar preocupación y alarma.
Y cuando se habla de los procesos que se encuentran en manos de la justicia y de los jueces encargados de tramitarlos, tampoco faltan quienes sostienen que las decisiones judiciales responden a magistrados afines al Ejecutivo.
En política, las percepciones pueden cambiar con enorme rapidez. Lo que ayer era positivo, se convierte en negativo. Lo que ayer era firmeza, mañana puede ser considerado autoritarismo. Lo que para unos representa decisión para enfrentar el crimen y la corrupción, para otros puede convertirse en abuso de poder.
Una democracia saludable necesita oposición, crítica y medios de comunicación independientes, pero también reconocer los aciertos cuando estos existen.
Porque entre el antes y el después hay algo que nunca debería cambiar: la obligación de mirar la realidad con criterio propio y no permitir que otros piensen por nosotros.
