Opinión

Ubíquese, señor Presidente

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

Cuando alguien es candidato para una función pública, sabe que si gana los opositores políticos serán indolentes y la prensa libre fiscalizará su gestión. Como eso es normal en democracia, no hay de qué sorprenderse y menos molestarse.

Sin embargo, Guillermo Lasso que fue tres veces candidato presidencial parece olvidar esta realidad y ahora que es el primer mandatario de la República en lugar de dedicarse por entero a gobernar, a solucionar los gravísimos problemas por los que atraviesa la población (inseguridad, desempleo, salud, educación, vivienda, obra pública, etcétera), se gasta el tiempo –que ya no le pertenece- peleando con sus adversarios políticos, con antiguos y nuevos enemigos del sector al que pertenece, y con periodistas y medios de comunicación social. ¿Qué le pasa?

Como si tratase de desviar la atención ciudadana respecto de los temas trascendentes y urgentes que requieren inmediata solución; pensando, quizás, que provocando innecesarios conflictos su muy alicaída aceptación popular va a mejorar, el jefe de Estado comienza a actuar torpe y equivocadamente, tal cual, por ejemplo, lo hizo el presidente de la década robada y despilfarrada –y lo siguen haciendo sus iguales ‘sigloveintiuneros’ en otras naciones-, que se la pasó mintiendo, insultando, calumniando, persiguiendo a sus opositores, lo mismo que a la prensa independiente.

Un mandatario inteligente, demócrata, estará atento al comportamiento de la oposición política, recogerá de ella lo que estime conveniente para los intereses del país que gobierna y desechará lo demás. En el campo de los «dimes y diretes’, serán sus delegados y voceros los que deban actuar. Por supuesto, también estará atento a lo que periodistas y medios independientes digan o callen sobre su gestión. Pero, por ningún motivo, su funcionamiento será motivo de censura, represalia y persecución. Un presidente y su gobierno siempre respetan y defienden a estos actores símbolos de la democracia.

Los asuntos complejos que enfrenta el Ecuador exigen un gobernante dedicado, a tiempo completo, a buscar y encontrarles salidas exitosas; demandan que no haya distracciones en la trivialidad de la política ni tampoco en el trabajo de la prensa.