Opinión

Tu mágica presencia

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

 

El partido estaba en un momento caliente, la escasa luz de un poste del alumbrado público generaba las sombras que nos alcanzaban para intentar definir el cotejo que tenía algo más en juego que simplemente ganarlo, el respeto del barrio. Hasta ese momento estábamos empatados en siete goles después de jugar aproximadamente dos horas sin parar; pero de repente retumbo con eco incluido el grito sagrado de mamá, que con firmeza nos dijo, chicos a comer, vengan que ya es tarde!!! Mi hermano respondió automáticamente, ya va mami, último gol gana.

Todo termino minutos después, el resultado ahora es lo de menos más allá de que ganamos, lo que recuerdo es que la ducha de agua caliente estaba lista y una comida riquísima en la mesa esperándonos después de  incurrir en nuestro momento sublime. Nos fuimos a dormir y con nosotros una felicidad que hoy valoro demasiado y agradezco infinitamente, ya que con el correr del tiempo asimilo que la niñez solo tiene una forma de recordarla y es con una sonrisa, y yo puedo hacerlo. Los destinos están escritos y solo desean que los encontremos, es ahí donde me voy a detener para contar que aquel anhelo estaba respaldado en otras aspiraciones y que cuando se conjugaron dieron como resultado una afirmación tácita que no necesitó más que una mirada.

El 6 de enero de 1993 sonó el teléfono y con ese sonido llego la adrenalina de una decisión que no tuvo oposiciones sino que libero para siempre la añoranza que estaríamos dispuestos a soportar desde ese preciso momento. Un vuelo de línea me deposito donde más quería estar y haciendo lo que me gustaba, pero sintiendo que el precio que debería pagar solo podía tener consuelo si lo realizaba entendiendo que corazones cercanos vivirían para siempre junto al mío en una constante resignación. El camino tuvo todos los contratiempos normales y desconocidos pero sirvieron para apuntalar aquellas convicciones genéticas que con seguridad transitarán conmigo por donde quiera que este y que son las responsables de alimentar la ambición de poder dar un poco más sabiendo que aquellos momentos irreparables que no pudimos atravesar juntos gratifican y calman los sentimientos más puros que tienen mis seres queridos hacia mí. Situaciones adversas, noches con fiebre y malestar físico incluyendo dudas de la edad insinuaron en más de una ocasión  que mi obligación era volver, pero mi deseo era más fuerte y no lograron vencerme y en realidad me ayudaron a construir una fortaleza interna que con el paso del tiempo se hace más difícil doblegar. Me lavaste las medias sucias, disfrutaste mis primeros logros y agasajos siempre desde el anonimato pero nunca me viste jugar, siempre lo supiste. Esta situación  no llamo mi atención hasta aquella noche en cancha de Chacarita, cuando después de viajar con unos desconocidos llegaste al estadio, a pesar de que  lloviznaba y hacia mucho frio.

Dentro de mi concentración hubo un sentimiento que toco la puerta y puso  frente a mis retinas aquellos primeros días,  donde incansablemente ayudaste a gestar  y construir mis sueños; confieso que fue imposible no sentir tus  olores y miradas que siempre me acariciaron. Te sentaste en la platea y no dejaste de observarme un solo segundo, aunque no lo puedo aseverar lo percibí así. Mami, quiero decirte que aquel partido fue el más importante de mi carrera y que no existirá otro igual, al recordarlo es imposible no derramar una lagrima y que mi rostro esboce una sonrisa asimilando que todo  fue porque tu presencia me demostró que tu amor nunca fue egoísta y solo necesitaba verme feliz.