Internacional

Trump fracasa en su intento por acabar con el Obamacare

El presidente pide que se deje con vida el actual sistema «hasta que fracase»

ESPAÑA. Pese a contar con mayoría en las dos cámaras del Congreso, los republicanos han fracasado en su proyecto de sustituir el revolucionario y polémico sistema de salud de Obama -el Obamacare- por su propio plan de seguro médico universal, un paño con tantos remiendos que al final no contentó siquiera a sus propios parlamentarios. El voto celebrado el lunes por la noche en la Cámara alta, último trámite tras la accidentada aprobación en la baja, no produjo la mayoría suficiente por el rechazo de cuatro senadores republicanos. Tanto el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, como el presidente Trump, admitieron que el proyecto está muerto. El plan para revocar el Obamacare, una de las principales promesas electorales de Donald Trump, tendrá pues que volver a comenzar de cero.

El rechazo de los cuatro senadores republicanos disidentes se produjo por razones opuestas. Dos de ellos consideraban que el «denostado» Obamacare estaba aún demasiado presente en el nuevo sistema -con su gravamen para las empresas, y para la libertad del ciudadano-, y los otros dos lamentaban que el nuevo sistema dejaría desprotegidos a muchos millones de norteamericanos. La tensión entre las alas más conservadora y más moderada del partido de Trump vuelve a aflorar, y pone al descubierto las carencias políticas en el liderazgo interno del presidente, que suma a su lista de asuntos pendientes otra gran promesa electoral, y no pequeña.

Formas y de fondo

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Mitch McConnell es partidario de llevar a cabo un voto en el Senado solo para revocar el Obamacare, y conceder después un margen de dos años de transición para que el partido republicano pueda elaborar una alternativa más viable. Esa fue también la directriz del primer tuit de Obama, nada más conocerse la derrota en el Senado. Pero ayer el presidente reculó, y en un nuevo mensaje en su cuenta Twitter se mostró partidario de dejar que el Obamacare siga su curso hasta que «fracase», y en ese momento «unirse» para hacer «un gran plan de salud» con la colaboración de los demócratas que se subirían al barco.

«Fuimos abandonados por todos los demócratas y algunos republicanos. La mayoría de los republicanos fueron leales, fantásticos y trabajaron muy duro. ¡Volveremos!», declaró en su habitual tono épico el último tuit del presidente Trump.

La batalla en torno a la llamada «Ley de Asistencia Asequible» (Affordable Care Act, ACA) es el mayor reto que se ha propuesto el presidente Trump para enterrar la herencia de la Administración Obama. El Obamacare, dirigido a extender la atención médica al 15 por ciento de la población norteamericana que carece de ella, es el mayor intento de los Estados Unidos por reformar su sistema de seguridad social desde los años 60. Desde su firma en 2010, la oposición republicana nunca puso en duda su altura de miras sino el procedimiento ideado por la Administración demócrata. El debate que desde hace años atrapa los espíritus de políticos y analistas aborda cuestiones técnicas y también ideológicas. ¿Hasta qué punto puede obligarse a un ciudadano libre a suscribir un seguro médico? ¿Crea riqueza o la destruye?

Sobre el papel, el Obamacare es una golosina para el norteamericano de sueldo bajo o medio-bajo. Más de 20 millones no tenían hace siete años ningún seguro médico, bien porque la empresa no se lo ofrecía, bien porque no entraban en los requisitos del seguro social de urgencia, el Medicaid, el programa estatal para los ancianos y los pobres. Ahora, en cambio, la ley exige a todos que tengan un seguro médico privado con el sistema de la zanahoria y el palo: subsidios para que los trabajadores contraten primas, y obligación para las empresas que tengan más de 50 trabajadores en nómina.

Además, entre otras disposiciones polémicas, exige a las compañías de seguro que den cobertura también a los clientes ya enfermos. La presencia de esta obligación en la ley alternativa de los republicanos es una de las claves -según «The New York Times»- del naufragio de la reforma impulsada por Trump. El «lobby» de las compañías de seguros norteamericanas califica de «inviables» las disposiciones, y advierte de que dispararán las primas, lo que será un factor disuasorio para los clientes.

Un cadáver ambulante

El enorme fiasco, en la votación del lunes, del que algunos apodaban como «Tumpcare» -por las disensiones internas en el partido- no significa que el Obamacare no esté tocado de muerte. Quizá por esa razón, el presidente opta ahora por dejar que el toro muera por la estocada autoinfligida, y pide a sus senadores que no le den la puntilla.

Es cierto que alrededor de 20 millones de norteamericanos han accedido al seguro médico gracias al Obamacare. Pero también lo es, como lleva mucho tiempo denunciando el partido republicano, que las primas de los seguros se han disparado en todo el país, y que muchos norteamericanos de clase media optan por dejar de suscribir ese «seguro obligatorio», porque la multa que deben pagar si se les pilla en falta es menor que el coste mensual del seguro.

La pescadilla se muerde la cola. Menos norteamericanos acceden al sistema de Obamacare, más suben las pólizas de los seguros. Para 2017 se calcula que el incremento será del 25 por ciento. Los subsidios oficiales no son suficientes, y además algunos estados -administrados por los republicanos- se niegan a darlos aludiendo a una inadmisible injerencia federal.

La factura empresarial

A la intervención estatal en la esfera privada -un aspecto mucho más valorado en Estados Unidos que en Europa- se suma también el rechazo del mundo empresarial. El sector de la pequeña y mediana empresa acusa al Obamacare de ser un «job killer», un instrumento destructor de empleo, aunque las cifras indiquen que los puestos de trabajo en el sector del seguro aumentó un 9 por ciento desde la entrada en vigor del programa de salud. El problema es que el proyecto alternativo de los republicanos, hecho deprisa y corriendo para reemplazar al demócrata, también tenía muchos elementos intervencionistas que finalmente fueron rechazados por el sector más conservador del partido. (ABC/LA NACIÓN)