Internacional

Trump elude reclamar a Peña Nieto que México pague el muro

Aprovecha la invitación del presidente para suavizar el discurso sobre inmigración

 ESPAÑA. Un debilitado Donald Trump necesitaba dar un giro a su campaña, y la oportunidad le llegó de quien menos se podía esperar. Una invitación del presidente de México, Enrique Peña Nieto, remitida al alimón a su rival demócrata el pasado viernes, brindó al magnate la posibilidad de romper su dinámica negativa. La puesta en escena que ofreció ayer Peña Nieto con una comparecencia a la manera de dos jefes de Estado, tras el encuentro en su residencia de Los Pinos, contribuyó a realzar el impacto mediático y al primer Trump con apariencia de presidenciable. En una intervención inusualmente leída, el candidato republicano suavizó su discurso antiinmigración, el que le ha convertido en enemigo público de los hispanos, eludiendo exigir a Peña Nieto que México pague por el muro, así como toda apelación directa a las deportaciones de ilegales. El mensaje del presidente mexicano se ciñó al guión de quien ansía protagonismo pero no se compromete: «Diálogo para estrechar la relación entre ambos países», sea quien sea elegido presidente de Estados Unidos, y una llamada genérica a combatir el crimen en el paso fronterizo.

En las horas previas al encuentro, la candidata demócrata, Hillary Clinton, había intentado contrarrestar la operación de imagen de Trumprecordando que «una foto no puede ocultar los insultos» de su contrincante a los inmigrantes mexicanos: «Violadores», «criminales», «ladrones», «rateros»… El recurso a la hemeroteca nunca fue más sonado que ayer.

El magnate diseñó la jornada como un punto de inflexión para su campaña. Entrevista con Peña Nieto en el corazón institucional de México por la mañana, y discurso sobre inmigración, supuestamente suavizado, por la tarde (madrugada en España), en Arizona, un estado de predominio hispano que hace frontera con el país del sur. Mientras los expertos calculan que Trump sólo puede lograr la elección presidencial superando el 34% de votos de este grupo que obtuvo Mitt Romney en 2012, hoy ni se acerca al 30%. Para allanar el camino, el actual candidato republicano inició ayer un intento de desatar los dos nudos gordianos de su enemistad con los hispanos. Sobre la construcción del muro, su apelación al «derecho soberano de cada país a construirlo en su territorio» y al «beneficio mutuo» que supondría, sonó mucho más a una oferta de negociación que a la imposición con la que ha exacerbado hasta ahora sus mítines. En cuanto a las deportaciones masivas pregonadas desde su irrupción en la liza electoral, ni palabra. Como mucho, un vago compromiso conjunto con Peña Nieto de «hacer más eficiente la lucha contra el tráfico de drogas y de personas, con cooperación e inteligencia».

Trump, que escuchó con atención la intervención del presidente mexicano, que le traducía al oído una asistente, intentó zanjar desde el principio la avalancha de preguntas de los periodistas sobre el muro con esta frase: «Hemos hablado del muro, pero no su financiación. Era un encuentro preliminar». En el frente económico, se llevó una victoria diplomática insospechada. Su continua reclamación de «renegociar el NAFTA o suprimirlo» se encontró con una aceptación de Peña Nieto de estar «abierto a su revisión». Lo que no evitó la discrepancia pública sobre sus bondades. A juicio del presidente mexicano, «tan bueno para Estados Unidos como para México». Para Trump, ha sido «cuatro veces mejor para México».

En el país del sur, que ha aguantado pacientemente las imprecaciones del candidato republicano, la reacción política a la decisión de Peña Nieto de recibir a Trump fue explosiva. El expresidente Vicente Fox le acusó de permitir al millonario «utilizar a nuestro país en beneficio de sus intereses». Su indignación se tradujo en esta aseveración final: «Espero que ningún hispano se trague el engaño de Trump; es un enemigo de los latinos».

El también expresidente Felipe Calderón fue contundente cuando al término de la comparecencia reprochó a Peña Nieto la propia entrevista y «no haber exigido a Trump que pidiera perdón a los mexicanos». (ABC/La Nación)