Internacional

Trump y Clinton, dos fundaciones para la polémica

Los dos candidatos a la Casa Blanca usan la filantropía para conseguir dinero y poder

ESPAÑA. ¿Qué institución sin ánimo de lucro es más eficaz? O mejor, ¿cuál es más corrupta? ¿La Fundación Clinton, a la que sus rivales acusan de ser un sistema de compraventa de favores políticos? ¿O la Fundación Donald J. Trump, que, aunque ha recibido mucha menos atención mediática, ha resultado ser un mecanismo formidable para combatir la pobreza, pero sólo la de Donald Trump?

En un país en el que la filantropía es algo sagrado -solo Warren Buffett ha donado 37.000 millones de dólares a la Fundación Bill y Melinda Gates-, las historias acerca de las de Clinton y Trump se han convertido en una inesperada fuente de controversias, y en una muestra de que esas instituciones, aparte de fortalecer la sociedad civil y hacer el bien ‘urbi et orbi’ tienen, también, facetas más pragmáticas, relacionadas con dos viejos vicios de la especie humana: poder y dinero.

Los escándalos de la Fundación Clinton llevan resonando desde hace mucho, aunque, en realidad, nadie sabe muy bien de qué se tratan, aparte del mantra “compraventa de favores políticos”. La Fundación ha recibido 2.000 millones de dólares (1.780 millones de euros) de empresas estadounidenses y extranjeras, y también de Gobiernos extranjeros. Eso presenta un claro problema de conflicto de intereses. Según la agencia de noticias Associated Press, la mitad de las personas que no pertenecían a Gobiernos con las que Hillary se reunió cuando era secretaria de Estado pertenecían a la Fundación.

A veces, ese conflicto de interés es un ejemplo de incesto político. Ése es el caso de la mano derecha de Hillary desde hace más de una década, Huma Abedin, firmísima candidata a ser secretaria de Estado si Hillary gana y esposa del ex congresista Anthony Weiner, del que está separada desde hace un mes debido a la propensión de éste de enviar imágenes de su entrepierna (desnuda y vestida) a mujeres en redes sociales (como Twitter) y también en mensajes de texto, a veces con el seudónimo ‘Carlos Danger’.

Si Weiner es promiscuo en materia sexual, Abedin lo ha sido política e institucionalmente con los Clinton. En 2012, la amiga y asesora de Hillary estuvo empleada durante seis meses simultáneamente en el Departamento de Estado -Hillary era la jefa de ese departamento-, la Fundación Clinton, la oficina personal de Hillary, y una consultora con una larga relación con el presidente y su esposa, según el diario ‘Washington Post’.

El propio Departamento de Estado ha investigado las relaciones entre Hillary y su Fundación, que acepta dinero de oligarcas rusos y de Gobiernos como el de Arabia Saudí, que se sitúan en las antipodas de los valores que la organización defiende. Nadie ha sido capaz de encontrar un solo caso de violación de normas o procedimientos. Pero el daño político para Hillary ha sido enorme. Incluso dentro del Partido Demócrata se critica su falta de instinto político al estar tan cerca de una fundación de esas características cuando lleva 10 años planeando ser presidenta y, por tanto, sabe que van a examinar sus actos con microscopio.

Pero la Fundación Clinton tiene un probado historial de eficacia. Las organizaciones Charity Navigator y Charity Watch, que fiscalizan las instituciones sin ánimo de lucro de EEUU, le dan sendos ‘sobresalientes’ por su eficacia, gestión, y actividades, sobre todo en el ámbito de la salud pública dentro y fuera de EEUU.

La Fundación Trump, sin embargo, no tiene -como nada del empresario- un historial claro. En primer lugar, porque es un grupo privado, es decir, financiado por una persona o un grupo de personas -en este caso, el empresario y candidato a la Casa Blanca-, por lo que sus cuentas no son públicas no se le exige el mismo nivel de transparencia que a las que reciben donaciones externas- como la de Clinton-y, por tanto, Charity Navigator y Charity Watch no las evalúan. Sin embargo, desde 2008, Trump no ha puesto ni un dólar en su fundación. En vez de eso, la organización ha operado con donaciones de otros grupos, como, por ejemplo, de la Federación de Lucha Libre de EEUU, cuyos eventos-evidentemente, por pura casualidad-se celebran en muchos casos en hoteles de Trump. Otro donante: la cadena de televisión NBC, que realizaba y emitía el ‘reality show’ de Trump, ‘El Aprendiz’.

Más serio es a dónde va ese dinero. A falta de datos oficiales, solo hay investigaciones llevadas a cabo por los medios de comunicación que inspiran poca confianza. Ayer mismo, el candidato a la vicepresidencia republicano fue duramente criticado por la conservadora cadena de televisión ‘Fox News’ después de que el diario ‘The Washington Post’ publicara que la Fundación Trump había pagado una multa de 100.000 dólares impuesta por el Ayuntamiento de Palm Beach al hotel y campo de golf Mar-a-Lago, la ‘joya de la corona’ de Donald Trump.

Ése es un caso aislado. Más bien, parece ser la pauta de esa Fundación, que está siendo sometida a un creciente escrutinio por los medios de comunicación estadounidenses y cuyas actividades pueden convertirse en un problema para Trump. Y es que hay casos que parecen sacados de un vodevil. En esa categoría está el retrato de dos metros de Donald Trump que la Fundación Donald J. Trump compró por 20.000 dólares (17.800 euros) para colgarlo en el Club de Golf Trump en Westchester, un barrio de las afueras de Nueva York de clase muy alta-en el que viven Bill y Hillary Clinton, que, encima, acaban de comprarle a su hija Chelsea allí una casa de 1,6 millones de dólares-.

Otros ejemplos son casi crueles. En 2009 y 2010, la Fundación Donald J. Trump dio 150.000 dólares (133.600 euros) a la Fundación de la Policía de Palm Beach, donde está Mar-a-Lago. La totalidad de ese dinero le había sido entregada a Trump por otra organización sin ánimo de lucro, la Fundación Charles Evans de Nueva York. Así que él no había puesto un dólar. Pero, en 2010, agradecida, la Fundación de la Policía de Palm Beach decidió dar a Trump su Palmera de Oro, un galardón anual que concede a personas que han contribuido a sus actividades. Trump aceptó. El evento se celebró en Mar-a-Lago. Y Trump cobró a la Fundación de la Policía de Palm Beach 250.000 dólares (225.000 euros) por el alquiler y uso del local (sin incluir bebidas). Nunca fue más cierto que “la caridad bien entendida, empieza por uno mismo”. (El Mundo/La Nación)