Opinión

Tratado de libre comercio Mercosur-UE

Por Aldo  Biondolillo – Argentina

El solo anuncio de la voluntad política de los gobiernos de Argentina y Brasil de avanzar con la firma de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la  UE generó una importante polémica dentro del sector vitivinícola y  referentes han mostrado dos miradas diferentes sobre el impacto esperable de tal acuerdo en lo inmediato y en el largo plazo.

Pareciera haber total acuerdo en que dicha integración sería muy beneficiosa a largo plazo; el problema estaría dado por el plazo de implementación y en cómo se distribuirían los costos durante la transición.

Los argumentos ofrecidos por ambas partes lejos de ser antagónicos, son muy válidos ya que reflejan una realidad heterogénea y como tal, requiere una evaluación integral de dicha apertura comercial cuyo impacto socio-económico no tiene que limitarse al análisis de la conveniencia o no de la integración misma, sino incluir además una cuantificación de los costos diferenciales hacia adentro del sector durante el período de transición.

Sabemos que un acuerdo de libre comercio entre dos bloques de países tiene dos efectos:

1) la creación de comercio, asociada al mayor flujo de bienes y servicios que antes del acuerdo estaban restringidos a la geografía de los respectivos bloques o de terceros países.

2) el desvío de comercio, que a raíz del cambio en los precios relativos de los bienes transables podrán después de la integración, ser abastecidos desde, o destinados a otros países dentro o fuera de los bloques en cuestión.

En nuestro caso, las claras ventajas que tiene Argentina para exportar sus vinos a Brasil, por tratarse de un mercado de cercanía, podrían ser neutralizadas por la mayor competitividad de la producción europea como consecuencia no de sus ventajas comparativas naturales, sino de los importantes subsidios comunitarios que reciben los principales países productores de vinos.

Por otro lado, dependiendo de cómo se resuelva definitivamente el tema del Brexit la situación del mercado de Inglaterra requerirá también un tratamiento especial.
Para el caso de un país en particular dentro de cada bloque, habrá regiones o sectores productivos que resulten más o menos beneficiados, o aún perjudicados, por una mayor liberalización del comercio y ésta es una dificultad adicional que deberá ser tenida en cuenta al momento de diseñar la política pública.

Si la integración arroja un balance positivo y el tratado de libre comercio en conveniente para el país, el Estado deberá diseñar un mecanismo de transferencia intersectorial a fin de compensar tales asimetrías, y en cada sector además financiar a una tasa preferencial los cambios estructurales que los productores menos favorecidos deberán realizar hasta alcanzar el grado de madurez y competitividad internacional.