Ciencia

Trasplante infantil, los retos cuando el receptor es un niño

Del progreso médico deriva una menor mortalidad. Sin embargo, a veces, un buen dato da lugar a un problema, como la desproporción entre oferta y demanda apuntada por Rafael Matesanz, director de la ONT.

MADRID. Somos líderes mundiales en donaciones y trasplantes. Es el resultado de una historia de avances médicos y solidaridad en la que el trasplante infantil, es decir aquel realizado en pacientes menores de 16 años, lleva un retraso de una década.

Este paso tardío junto a la estricta correspondencia entre donante y receptor es lo que genera, según el doctor Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes, “una desproporción entre oferta y demanda”, al situarse el número anual de donantes por debajo de 30.

Sin embargo, frente a estos datos la solución está en la investigación y en los recursos humanos, tal como han coincidido en la XII Reunión Nacional de Coordinadores de Trasplantes y Profesionales de la Comunicación, celebrada en Zaragoza, Elisabeth Coll Torres, doctora adjunta de la ONT; Manuel López Santamaría, cirujano del Hospital Universitario La Paz de Madrid; y Manuela Camino López, jefa de la Unidad de Trasplante Cardíaco Infantil del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

Estas cifras del número de intervenciones, motivadas por la escasez de órganos, originan que de todos los pacientes en lista de espera se consiga cada año trasplantar a la mitad.

Los menores de 16 que esperan ser trasplantados de hígado, corazón o pulmón forman parte de una lista de espera de entre 120 y 130 pacientes. “No podemos olvidar nunca que en esta lista hay niños que fallecen”, remarca la médica adjunta de la ONT.

La tardanza más prolongada suele afectar a los pacientes de pulmón, en los que al exceder el año de espera, no se llega a tiempo en el 7% de los casos. El sentimiento familiar que se encuentra detrás de estos datos obliga a establecer unas normas estrictas en la distribución de órganos:

Un donante infantil tendrá un receptor infantil.

Cuando un niño está en urgencias puede optar a un órgano de adulto.

Se deben tener en cuenta criterios geográficos.

En algunos casos existe la opción de donante vivo.

De hecho, el 30% de trasplantes hepáticos infantiles utilizan ya esta alternativa. A pesar de ello, las intervenciones para trasplantar un hígado en menores “representan menos del 10% del total de trasplantes hepáticos”, señala el doctor Santamaría.

Dentro de ese pequeño número se encuentran cientos de historias donde los padres suelen tomar el papel de donante. El padre o la madre forman un perfil en la donación de una persona en torno a los 40 años, que otorga esperanza a un receptor que suele tener una media de 8 años.

Con el nuevo hígado, pulmón o corazón trasplantado, el donante proporciona al receptor un índice de supervivencia que se sitúa entre el 80 y el 90%. (Efe/La Nación)