Opinión

Transporte escolar sin conciencia

Lic. Denisse Casalí L.

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@denissitacl

Es increíble ver como pisan el pedal sin piedad algunos conductores de transportes escolares. Tengo la oportunidad casi diaria de ver cómo van desatados por las calles, rebasando por el carril equivocado, subiendo puentes en zigzag, pasándose la luz roja etc. Más sorprendente es ver este tipo de conductas cuando van con sus “clientes”, estudiantes por lo general, y muchas veces con pequeñitos que simplemente se mueren por llegar a casa y abrazar a mamá.

La irresponsabilidad de un conductor muy pocas veces deriva en algo bueno, por el contrario, terminan envueltos en accidentes graves de tránsito, ocasionando fuertes traumas en los chicos, por ahí algunos heridos y el retiro temporal de la licencia. Me pregunto si al final del día aprenden realmente la lección y entienden la gran responsabilidad que abarca su labor en el cuidado de terceros.

Cuando tu hijo se monta en la mañana en el bus escolar, se despide con un beso y una sonrisa, estas entregando lo que más atesoras, confiado en el amparo de quien se encuentra frente al volante, con una seguridad casi a ciegas, porque jamás imaginas que harán algo indebido o que pondrán en riesgo la vida de tu pequeño. Los padres se dirigen a trabajar tranquilos, con el anhelo de que en unas horas sea ese mismo transporte el que los devuelva seguro a casa. Que terrible debe ser para un padre recibir una llamada que exprese todo lo contrario, y te alerte de la inseguridad vivida en ese medio casi a diario.

En mis tiempos de colegio el conductor de mi expreso era aquel señor que recuerdo serio pero a la vez amable, que si tenía que llamarte la atención para que te sentaras bien o no sacaras la cabeza por la ventana lo hacía, y terminabas obedeciendo con el mismo respeto, porque para mí era la extensión del aula de clases. Ahora el conductor puede ser el hijo o sobrino de turno del dueño del transporte, que apenas salió de su etapa de adolescencia, aquel que es un niño más en ese bus y nadie respeta, he visto algunos ir más pendientes del teléfono que de los niños.

Incluso uno pensaría que cuando conduce una mujer su instinto materno natural hará que se preocupe más por el bienestar de los más pequeños y cuidará con mayor interés a los chicos como si fueran suyo, pero en realidad ves a la señora manejando a pocos metros de tu vehículo, desesperada por adelantarte y con tres niños a su lado sin cinturón de seguridad. Es aterrador ver que las calles de Guayaquil ya de por sí son un peligro con los conductores de trasporte público, las motos, los taxis, los peatones distraídos, el carro particular y ahora debemos sumarle la irresponsabilidad de conductores de transportes escolares. ¿Acaso ya no queda nada seguro?

La conciencia vial ha salvado y seguirá salvando vidas, si los buses escolares no aterrizan la importancia de su trabajo y se responsabilizan por sus acciones a la hora de sentarse en el sagrado puesto del conductor, seguiremos llorando accidentes a veces irreversibles y creando futuras generaciones de descontrol total, porque lo que el niño ve lo reproducirá más adelantes cuando le toque a él ser el chofer de su propio destino.

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