Tecnociencia

Tráfico de basura de ida y vuelta

Crisis climática.   En Asia

Hong Kong se ha convertido en uno de los principales reexportadores de desechos plásticos. Pero Malasia, Filipinas y Tailandia han dicho basta: no quieren ser el basurero de plásticos del mundo

A las afueras de Manila hay un vertedero de más de 20 metros de altura donde se acumulan residuos y desechos desde hace 55 años. No solo hay montañas de basura de la capital filipina. También toneladas de plásticos que en teoría llegaron allí desde países desarrollados para acabar en una planta de reciclado.

Cada mañana, decenas de niños, muchos de ellos de barrios donde la narcoguerra emprendida por el Gobierno golpea más fuerte, llegan al vertedero para recoger algo que luego puedan vender o llevarse a la boca. Últimamente sólo encuentran envases vacíos con etiquetas de Estados Unidos y Alemania. Aunque el lugar desde donde salieron esos plásticos para Filipinas está tan solo 1.118 kilómetros más arriba, en Hong Kong.

Esta historia tiene varios viajes de ida y vuelta. Empecemos por el principio, por julio de 2018, cuando China prohibió la llegada de «basura extranjera» a sus puertos, interrumpiendo un flujo anual de siete millones de toneladas.

Entonces los plásticos que el gigante asiático ya no quería fueron a parar a fábricas y vertederos de países como Filipinas y Malasia, destinos ahora predilectos de las naciones ricas para enviar sus sobras. Incluso China ha pasado de recibir estos plásticos a mandar los suyos en barco al sudeste asiático. Y no precisamente los desechos de los chinos, sino los que les mandaban terceros países y que se han ido acumulando en sus puertos.

Especialmente reseñable es el caso de Hong Kong. La ex colonia británica se ha convertido en uno de los principales reexportadores de desechos plásticos. Así lo ha comprobado una investigación llevada a cabo por un colectivo ecologista local y su proyecto The Green Earth, dirigido por Kylie Yeung Kai-ching. El año pasado, Hong Kong reexportó al sudeste asiático 280.000 toneladas de desechos plásticos que les habían llegado desde EEUU, Japón, Alemania, Gran Bretaña y México.

No era la primera vez que esta ciudad con un régimen especial administrativo enviaba los desechos de terceros países a otros puertos que no eran los suyos. Su destino preferido era la China continental hasta que desde Pekín, conscientes de su rápida industrialización y desarrollo, echaron el cerrojo para proteger su medio ambiente. China ya no era aquel país agrícola que en los años 80 buscaba materia prima barata que reciclar. Pero tenían un problema: tantos años siendo el receptor mundial de desechos había provocado que estos se acumularan en sus vertederos. Sobre todo en Hong Kong. Entonces decidieron darlos salida mirando al sur.

Basureros del mundo

Pero desde Malasia, Filipinas y Tailandia han dicho basta. No quieren ser el basurero de plásticos del mundo. Y menos después de comprobar que muchas de las empresas que les mandan estos contenedores falsean la documentación de los plásticos que llevan. Los presentan como «reciclables», cuando en realidad no lo son. Y no dudan en mandar de vuelta los contenedores a su origen.

Como hizo Filipinas en julio con 25.600 kilos de residuos electrónicos que les había enviado Hong Kong. Y con otros 103 contenedores que les mandó Canadá etiquetándolos como plásticos reciclables, pero que en realidad contenían desde pañales usados hasta electrodomésticos. Malasia también anunció a mediados de año que devolvería 3.000 toneladas de residuos a países como EEUU, China o Australia. Ya lo hizo con cinco contenedores con plásticos troceados con pequeñas virutas de aluminio que les llegó a principios de año desde el puerto de Valencia.

En una entrevista con el diario South China Morning Post, el Dr. Chung Shan-shan, director del programa de gestión ambiental y de salud pública de la Universidad Bautista, explicó que Hong Kong acabará devolviendo los desechos de plásticos a sus países de origen y no mandándolos al sudeste asiático.

«Cada país tiene que asumir la responsabilidad y volverse autosuficiente en la gestión de sus propios residuos». Además, el año que viene entra en vigor las enmiendas del Convenio de Basilea -firmado por 180 países– que regula el comercio internacional de desechos peligrosos y se requerirá consentimiento previo de los países importadores.

Porque este tráfico de basuras va más allá del trasiego de contenedores. Estos desechos se acumulan en los países del sudeste asiático, lo que ha propiciado que en algunos, como en Malasia, muchos ciudadanos vean una oportunidad de negocio montando fábricas dedicadas al reciclaje.

El problema viene cuando muchas de ellas no tienen licencia [Malasia ya ha cerrado 150] y que la mayoría del plástico que llega es de tan baja calidad que no es reciclable. Y al final acaba quemándose en vertederos, liberando sustancias químicas tóxicas a la atmósfera y provocando problemas de salud, o en el mar, dejando miles de peces muertos.

Muchos de estos países ya hablan de la «guerra del plástico», y los políticos piden a vecinos como Hong Kong que cesen de mandarles aquello que les sobra. Antes de que China vetara la entrada de esta basura a sus puertos, importaba 7.350.000 toneladas de plástico al año y Hong Kong, otras 2.850.000. En total sumaban casi el 70% de todos los residuos plásticos que se movían anualmente en todo el mundo. Desde que el gigante asiático cerrara sus puertas, las exportaciones de residuos plásticos desde Hong Kong a Tailandia aumentaron un 177% respecto al año anterior. En Malasia, el segundo receptor de basuras de la ciudad financiera, aumentó un 75%.

El tráfico de basuras continúa. Y el debate sobre cómo frenarlo ha llegado en diciembre a la Cumbre Mundial del Clima en Madrid.

Fuente. www.elmundo.es