Ciencia

Tierras raras: para qué sirve el ‘dopaje’ de la electrónica

Sus nombres –lantano, neodimio, terbio o samario– suenan a una lección de química avanzada. Pero muchos de estos elementos conviven con nosotros día a día. Son tierras raras, como se las denomina, y se han vuelto esenciales para fabricar una disparidad de productos electrónicos. Están presentes en pantallas LED y LCD, discos duros, cables de fibra óptica y en todo tipo de motores eléctricos, tanto en coches como en juguetes o drones.

No son tan raras como indica su nombre. Abundan en la corteza terrestre. Aunque su dispersión impide que sea frecuente encontrar concentraciones de estos minerales que merezca la pena explotar.

Comúnmente se conoce como tierras raras a 17 elementos de la tabla periódica que tienen algunas propiedades similares. La mayoría son más pesados que el hierro, muestran una alta conductividad eléctrica y destacan por sus propiedades magnéticas. Este último factor permite usarlos para crear imanes permanentes, que necesitan campos magnéticos muy altos para cambiar su imanación.

Claudio Aroca, director del ISOM (Instituto de Sistemas Optoelectrónicos y Microtecnología), de la Universidad Politécnica de Madrid, explica que con los imanes permanentes se reduce considerablemente el tamaño de algunas piezas clave para los motores eléctricos. “Antes un alternador de coche podía tener fácilmente 30 centímetros de longitud por 15 de diámetro. Ahora mismo son piezas muy pequeñas. La prueba está en los motores de coches eléctricos, que ahora son de imanes permanentes. También los ves en las bicicletas. Son motores pequeñísimos y tienen un rendimiento muy alto”.

EP