Opinión

Tiempos difíciles

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España, y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo, de Perú; Vicente Fox, de México, y Álvaro Colom, de Guatemala. El autor también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) — No he vuelto a escribir desde la invasión de Rusia a Ucrania porque no sentía necesario enumerar todos los problemas que todos conocemos. Lo que un analista intenta lograr es dar sentido a esos hechos con el propósito de contribuir con ideas para solucionarlos, evitarlos y adaptarnos para avanzar.

Lo de fondo es que la sociedad no ha tenido un descanso de esta secuencia de graves crisis desde que comenzó la pandemia. Por momentos, pensábamos que eran exageraciones de una sociedad más interconectada, sobre todo con las redes sociales. Al fin y al cabo, la tecnología nos ayudó a subsistir y manejar el covid-19, pero las redes sociales, con su tendencia a polarizar y agrupar entre los extremos, continúan minando importantes pilares de la sociedad: sobre todo los de la democracia.

Con la pandemia vino también la disrupción de la cadena de suministros de productos y el agravamiento de la inflación. Con la invasión despiadada de Rusia a Ucrania y la subsecuente subida del precio del petróleo (y sobre todo, de los precios del gas para los europeos), la inflación se agravó aún más.

Ahora, la política de cero covid en Shanghái y otras ciudades de China agravará aún más la cadena de suministros y, por supuesto, la inflación. La Reserva Federal continuará subiendo las tasas de interés para paliar estos efectos, y aumentan las perspectivas de descenso en los pronósticos de crecimiento económico de este país, porque también debemos considerar los efectos de la pandemia en el crecimiento económico de China.

Toda esta secuencia nos lleva a pronosticar que este año será también muy difícil: incluyendo las elecciones de mitad de periodo en EE.UU. Siempre la oposición (en este caso, los republicanos) tiende a responsabilizar de todos los problemas al presidente, mientras que los partidarios del Gobierno (en este caso, los demócratas) tienden a responsabilizar de estos problemas a la comunicación del Gobierno. Pero la verdad de los hechos es exactamente eso: hechos y no palabras. Es muy difícil ser popular cuando hay inflación, inseguridad y bajo crecimiento.

EE.UU. y Europa están haciendo lo correcto, que es corregir los malos años de haber aupado a Putin, ayudando a financiar con los pagos de su factura energética (sobre todo la del gas) a un Gobierno totalmente corrupto y con ello, armar un ejército listo para invadir y tratar de cambiar, con su paranoia e ínfulas zaristas, las fronteras de Europa.

Corregir años de esos errores en política energética internacional no será fácil y el mayor costo lo siguen pagando los ucranianos, que combaten en la primera fila de esta guerra para impedir las intenciones imperialistas de Putin.

“En política se tiene que comer muchos sapos” decía un viejo político mexicano (Adolfo Ruiz Cortines). Por eso coincido en la propuesta del analista de CNN, Fareed Zakaria, de que EE.UU y Europa deben buscar una alianza real con Arabia Saudita para inyectar aún más petróleo en el mercado y conseguir bajar su precio. La dependencia del gas será más compleja ,como lo dijo Gita Gopinath, del FMI, pero hay que comenzar a trabajar en una nueva ecuación energética en Europa para no tener que volver a confiar en un vecino como Putin y quizás en la misma política rusa.

Putin ejemplifica lo fatal que pueden ser los Gobiernos autoritarios, concentradores del poder y las dictaduras. La democracia y sobre todo, la libertad de expresión hacen crecer a sus Gobiernos porque les dan información a sus gobernantes, que muchas veces no quieren escuchar o no están dispuestos a admitir.

Para mí, China tiene una estructura política más compleja y más avanzada que la de Rusia. No es gobernada por un dictador propiamente dicho, sino por el dominio de un partido único. En tal sentido, también le falta esa capacidad de reflexión que generalmente viene de fuera del Gobierno central. Solo así China podría cuestionarse el enorme costo que puede significar continuar con esa política cero contra el covid-19. Pero como en casi todo lo que ha sucedido en esta pandemia, habido más política que verdadero análisis independiente y profesional. Temo que China continuará con su política de cero covid en Shanghái con graves consecuencias logísticas, económicas y sociales. Así como muchos no quisieron entrar en esa discusión por ser una materia muy sensible y personal: tampoco lo hará Xi Jinping por razones políticas.

Económica y políticamente, pienso que este año está bastante perdido. ¿Cómo será el próximo? Lo sabremos muy probablemente en pocas semanas si Putin no logra conquistar Odesa y fuera forzado a un acuerdo, y si la pandemia no se complica más en China (o aún peor, en el resto del mundo). Solo así podremos tener un buen 2023.

 

 

 

(cnn.com)