Ciencia

Testimonios de madres de adictos: Madre de Fernando de 40 años

“Cuídenme para que yo pueda revivirlos, cabrones”, le decía a mis otros dos hijos que ya fallecieron. Haga de cuenta que si estaban teniendo una sobredosis, ¿quién más que yo los podía hacer volver en sí? Por eso fui aprendiendo. Para que vomitaran el veneno les daba leche o les inyectaba sal con agua para que les volviera la respiración.

Una madrugada me levanté porque escuché ruidos de auto. Salí al patio y vi a mi hijo José sentado con su gorra puesta y le dije: “Ya métete, ¿qué haces ahí?” No me contestó, fui hasta donde estaba y lo vi con la lengua de fuera. Traté de levantarlo y se me hizo de agua, se me resbaló. Le grité a mi cuñado, Roberto, y entre los dos lo metimos a la casa. “Haz algo, Roberto, se está poniendo morado”, grité y nomás me dijo: “Ya casi no respira”. “¡Cómo de que no respira, hasta a un lado!”, dije, y le inyecté sal con agua a José; me he hecho buena para curar la sobredosis de tanto ver a mis hijos.

Hace poco, ¡qué vergüenza!, una de mis nietas me vio inyectándome en el brazo y me dijo: “Abuelita, ¿a poco usted le hace a lo mismo que mi apá?” “No mijita, esto es medicina para mi diabetes, insulina”, le contesté, porque luego va a creer que yo también y ¡qué ejemplo! Más cuando su papá, José, falleció hace un año de sobredosis. Lo hallaron tirado en un basurero y a los meses mi otro hijo, Enrique, fue hallado muerto en un sillón, también por sobredosis. Por más que los interné y gasté en ellos jamás agarraron la onda. Cuando estaban internados y cumplían años les llevaba sus ollas con mole, barbacoa, pastel, para que sintieran el apoyo, pero no entendieron.

Ahora estoy aquí porque traje a mis hijo menor, Fernando. No aprendió de lo que le pasó a sus hermanos. No sé qué piensa. Dice que quiere dejar la heroína pero no le echa ganas. A veces le digo: “¡Retácate la venas de heroína y deje de estar jodiendo!”. O sea, no puedo estar amarrada a él, uno debe dejar a los hijos volar.. La última mujer que tuvo Fernando también se inyectaba. Un día entré a mi baño y se estaba inyectando, la saqué. “Doña, no es lo que parece”, me dijo para engañarme. Eso sí me da pena, tan bonita la muchacha, de familia acomodada, pero la droga no perdona. En un hombre todavía lo paso, pero en un mujer no, se ve feo. Ella fue la que envició a mi hijo.

Vice