Opinión

Teoría del afán común

Por Gerardo Maldonado Zeas/ Cuenca

Días difíciles vivimos en el país. Uno de los problemas es que, sabiendo la existencia de conflictos graves, muchos voltean la cara. El presidente Lasso fustigó a Fidel Egas dueño del Banco del Pichincha, porque trabaja con maromas para desentenderse de la realidad del país, no solamente por no pagar suficientes impuestos en el Ecuador, sino también por no haber coadyuvado a solucionar las otras temáticas como la de la pandemia de la COVID 19.

Algunos que dicen ser empresarios conscientes, despiden a empleados y trabajadores al margen de la ley. Sospecho de muchas personas naturales y jurídicas, quienes, en sus confesiones privadas, se enorgullecen de evadir el pago del IVA, jactándose porque la justicia les dará una mano para salvarles, estando claros de sus actuaciones dolosas. Todos quienes se fueron a la calle, y sin saber fueron parte del aumento del desempleo, ahora son parte del grupo que fustiga a Lasso. Aunque por el lado positivo se han creado 350.000 empleos en empresas que si pusieron el hombro por el país

La presidenta de la Asamblea Gudalupe Llori, califica a quienes quieren sacarle, como los conspiradores de turno; siempre juntos los de UNES y el PSC, han perdido la vergüenza y dicen que van con todo para cambiar autoridades de control, crear el modelo de la “comisión de la verdad” figura transnacional de la impunidad, mediante la cual una lista de corruptos ex presidentes de varios países se han liberado de sus culpas, para ir a tomar café en libertad, en los espacios públicos de París.

La gente está a la espera de cambios. Quienes votaron por desterrar el modelo correista, están ansiosos de ver radicales modificaciones en el país. Pero se desentonan, cuando Glas sale de prisión por la actuación inverosímil de un juez corrupto, y piensan que detrás hay convenios, contubernios, coincidencias, decisiones de amigos íntimos. Desde Miguel de Unamuno hasta Ortega y Gasset, sabemos que el amor de las masas al modelo de gestión, siempre convivirá con los resultados de las acciones de sus gobernantes, de la capacidad de satisfacer las necesidades básicas y de seguridad, tal como Maslow sentenció en su pirámide a mediados del siglo XX, el tratado más grande que recuerde la historia, respecto a lo que los humanos aspiramos en la vida. Todos los poderes del Estado deben entender esta reflexión, y darle a la gente soluciones.