Opinión

Temor a Dios

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Estas tres palabras las escuché años atrás mientras me impartían la materia de teología en mi antiguo colegio. Recordé que a esa edad nunca analizamos la profundidad de ciertos temas, o la importancia que estos deberían tener en tu proyecto de vida. Algunos (me incluyo) vamos entendiendo con el pasar del tiempo lo que en aquel entonces quisieron inculcar en nosotros los pedagogos, aquellos que con esfuerzo y constancia trataron más de una vez de introducir en nuestras vidas temas como los valores, la moral, actuar bien, respetar al prójimo, etc.

Han pasado aproximadamente quince años desde que me hablaron de este misterioso temor; apenas hoy lo comprendo.

Al principio es como un concepto más, que sientes quieren meter en tu cabeza modificando el corazón casi a regañadientes, más adelante e insistentemente siguen surgiendo esas supuestas teorías y creencias que giran alrededor del mismo tema, que llegas a ver hasta con recelo; pero aterrizas en un momento de la vida donde te das cuenta que es necesaria para equilibrar un poco el caos, el desorden y la falta de humanidad que se dilata con el pasar de los días.

Quienes creen que originando la guerra resolverán todo, no tienen temor a Dios. Quienes a diario hacen sufrir a su prójimo con egoísmo y maltratos sin pensar en la ley de causa y efecto, no tienen temor a Dios. Quienes imponen arbitrariamente su forma de pensar sin medir las consecuencias, no tienen temor a Dios. Quien comete un crimen directa o indirectamente sin considerar el sufrimiento del lastimado, no tiene temor a Dios. Y así una lista infinita de acciones que desde cualquier perspectiva será razonada como desconocimiento y que me importismo por parte de sus actores hacia todo lo que un Dios aborrece y reprueba.

El temor a Dios es un don de pocos, aparta del mal y acerca al bien. Es el camino más seguro a la sabiduría. No podemos ir por el mundo causando tristeza o dolor sin pensar que tarde o temprano la vida no te pasará factura con intereses. Este miedo a algo más grande y fuerte que tú te hace emprender un camino de cautela que te aleje del peligro. Pero me imagino que mis palabras no llegarán a corazones duros, de hombres que, si no temen a juicios terrenales, mucho menos temerán a juicios celestiales.

Bien decía San Basilio (lo cito): “hay tres estados en los que se puede agradar a Dios. 1) O bien hacemos lo que agrada a Dios por temor al castigo y entonces estamos en la condición de esclavos; 2) ó bien buscando la ventaja de un salario cumplimos las órdenes recibidas en vista de nuestro propio provecho, asemejándonos así a los mercenarios; 3) ó finalmente, hacemos el bien por el bien mismo y estamos así en la condición de hijos”.

No esperes de otros lo que tú mismo no estás dispuesto a entregar. Ese temor a algo superior (invisible a tus ojos) debe empezar únicamente en ti. ¡Imagina que distinto sería el mundo!

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