Economía

Telegrama urgente para la Fed: la inflación de EEUU cayó más de lo esperado en mayo con el IPC retrocediendo al 3,3%

La inflación trae buenas noticias para EEUU justo en el ecuador de la reunión de política monetaria de dos días que está celebrando la Reserva Federal, encargada de mantener bajo control la subida de los precios.

 

El índice de precios al consumo (IPC) de EEUU retrocedió en mayo una décima hasta el 3,3% interanual, cuando los analistas esperaban que se mantuviese en el nivel de abril. El IPC subyacente, que excluye energía y alimentos, desaceleró dos décimas -una más de lo esperado- hasta el 3,4%. En lectura intermensual, el IPC general se quedó en el 0% (se esperaba un 0,1% y se venía de un 0,3%) y el subyacente cayó a un esperanzador 0,2% (se esperaba de nuevo un 0,3% que en abril ya trajo algo de tranquilidad después de tres lecturas seguidas en el 0,4%).

Aunque los datos interanuales aún están lejos del objetivo del 2% que marca la Fed y esta lectura no influirá en la reunión sobre la que esta misma tarde se pronunciarán los funcionarios del banco central, el panorama es algo más optimista. La Fed parece ir encontrando hueco para poder bajar los tipos de interés antes de que acabe el año.

La fortaleza de la economía de EEUU tras la pandemia –especialmente su mercado laboral– y unas preocupantes lecturas de inflación al alza en el primer trimestre del año han cerrado mucho la ventana para que la Fed pueda aflojar el yugo y comenzar a bajar unos tipos de interés llevados a la carrera por encima del 5% que han acogotado a hogares y empresas del país.

Si tras la inmaculada senda de desinflación de 2023 se esperaba en Navidades que el banco central pudiera recortar los tipos hasta seis veces en 2024, las apuestas han llegado a recoger solo una. Incluso hubo ciertos cantos de sirena entre los analistas para volver a subirlos dada la persistencia de la inflación. Un extremo que enseguida han negado unos funcionarios de la Fed que, en todo caso, se han manifestado repetidamente a favor de esperar y ver.

Fuente: Revista El Economista