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¿Por qué hay tantos ganadores diferentes en MotoGP?

En las últimas ocho carreras ha habido ocho vencedores, entre ellos, sorpresas como Miller, Crutchlow o Viñales.

ESPAÑA. Sobre la línea de meta, donde se redescubría capaz, Dani Pedrosa se permitió un gesto arrebatado, un puñetazo al aire, antes de volver a la moderación: saludó monárquico al público de Misano, abrazó suave a los suyos, pegó un saltito en el podio y dedicó sin nombres: «A todos los que me han apoyado». En las últimas carreras los vencedores habían ofrecido otras celebraciones, más enérgicas, más originales, más divertidas, pero la mayoría de ellos compartían como el español un hecho innegable: la extrañeza de su éxito. A falta de cinco carreras, dos de ellas en España, el Mundial de MotoGP avanza a la espera del enfrentamiento definitivo entre Marc Márquez y Valentino Rossi, con el italiano recortando puntos tan constante (cuatro pruebas consecutivos) como insuficiente (sólo 16 puntos menos), y, mientras, otros actores disfrutan de su momento. Después de Jack Miller (Assen), Andrea Iannone (Austria), Cal Crutchlow (Brno) y Maverick Viñales(Silverstone), Pedrosa cerró ayer una estadística inédita, ocho ganadores en ocho citas, que confirma una tendencia, el aumento de aspirantes, y obliga a buscar motivos.

«Esta temporada todos hemos cometido más errores», admitía Jorge Lorenzo y hablaba de las muchas caídas de los tres candidatos al título (tres ceros arrastran él y Rossi) y de sus vacilaciones (él, con la lluvia; Márquez, con su moto; Rossi, con su ritmo), pero también de la propia carrera de ayer. Por los problemas de los nuevos Michelin, la elección de los neumáticos es más decisiva, y los favoritos (casi) nunca aciertan. Bajo un sol intolerante a orillas del Adriático, a 27 grados, colocar la goma delantera más blanda era una opción tan arriesgada como acertada y sólo Pedrosa y Michele Pirro, séptimo, la tomaron. El piloto de Honda, que apenas había subido dos veces al podio esta temporada (tercero en Argentina y Montmeló), pudo con ella remontar desde la octava posición hasta el liderato de forma constante, con una agresividad inhabitual, sin recibir nunca un adelantamiento de vuelta: a falta de 15 vueltas se deshizo de Márquez, desesperado con su aceleración; tres pasos por meta después, hizo lo propio con Lorenzo, que se declaró «satisfecho» por el fin de su mala racha; y a siete vueltas del final, superó a un Rossi que hasta entonces parecía inalcanzable.

Fue una secuencia sorprendente, inesperada, seguramente aislada, que no necesitó, como las anteriores vividas, ni una meteorología cambiante ni un circuito curioso. En condiciones de lluvia se habían cerrado dos de las pasadas gestas, de Miller y Crutchlow, y las otros dos, de Iannone y Viñales, dependieron de trazados de rectas exageradas y pocas curvas, ideales para las veloces Ducati y Suzuki. «No sé porque he elegido ese neumático, pero está claro que ha sido muy bueno», admitía al finalizar Pedrosa que, con su victoria se colocaba, por primera vez este curso, en cuarto puesto del Mundial, el lugar en el que, como mínimo, debería estar. Tras su renovación con Honda hasta finales de 2018 y aunque no se le espera constante en luchas posteriores, el éxito supuso una liberación: al menos el proceso de aclimatación a su nueva moto está más avanzado. (El Mundo/La Nación)