SUSURROS: EXTRAÑA MANERA DE AMAR
Don Lorenzo desde Buenos Aires-Argentina para La Nación de Guayaquil-Ecuador.
¿Cómo podrías tomarme en serio?
Si en cada silencio que nos damos,
con temor o por no saber cómo actuar,
termino robándote un beso.
Me pierdo en las curvas de tu sonrisa
y en la calidez de tu mirar.
En silencio nos contamos mucho más
que cuando vestimos de palabras al presente.
Me es inevitable, es más fuerte que yo, corazón.
Apretujarme en tu falda, mirándote como al ser amado que sos.
Pongo en alerta mis sentidos para oír el sonido que sustenta todo:
el latido en tu pecho.
Oigo cada palpitar, y me siento tan yo,
te siento tan mía. Te veo tan vos.
En ese instante noto tu esencia,
más allá de nuestra ausencia convertida en años.
¿De dónde venimos, lo sabés?
Porque yo, tengo una leve idea…
Dicen los que cuentan que tal vez venimos
de otros lares, de otros mundos conquistados.
Pero algo sé: te vi por vez primera y te reconocí.
Siempre supe quién eras, como cuándo acaricié tu oscuro pelo, allí
en silencio a la distancia.
Y ahora somos más que susurros.
Porque sabemos qué le pasa al otro,
sin siquiera preguntar.
Lo intuimos, conectamos con los susurros del alma
y nos decimos todo, incluso lo que en palabras no nos atrevemos a decir.
Esta es nuestra extraña manera de amarnos,
siendo tan únicamente nosotros.
A la vera de un río y en la soledad del alba,
prometimos no soltarnos nunca más.
Siento tanto, que a veces confundo las líneas del tiempo
y no sé si aquello fue en esta vida o en otra…
O en la que sigue.
Princesa, debo confesarte mi sonido favorito,
y es el sonido que nace cuando mis labios se entrelazan con los tuyos
en un mágico beso.
A veces desvarío (porque en este mundo no hay ni uno cuerdo),
y en mi fantasía te cuido tanto
como si fueras una gallinita a la que hay que proteger
de las inclemencias del tiempo y de la vida.
Te abrazo y te llevo de paseo por sitios
donde cabemos dos, y dónde también caben nuestros sueños.
En nuestro pecho hacemos rinconcito
para alivianar la carga del otro,
y ahí dejamos las valijas y los tesoros que fuimos consiguiendo.
Porque acá, no se trata de quitar
sino más bien de ir encajando pieza tras pieza
en este insensato mundo que somos.
